Un hotel se convierte en refugio de periodistas y colaboradores internacionales

Como muchos de los edificios en el exclusivo distrito de Petionville en Puerto Príncipe, el hotel tiene grandes daños - Gráfica s3.amazonaws.com
Primicias24.com – Muros colapsados cubren inestimables obras de arte haitianas. Hay cadáveres frente a la entrada. Las reservas de comida se acabarán pronto. Milagrosamente, el alguna vez elegante hotel Villa Creole, ubicado en una ladera junto a exuberante vegetación tropical, sigue funcionando tras el violento terremoto que azotó a Haití.
Por sus jardines caminan, en vez de huéspedes dispuestos a disfrutar las playas del caribe, trabajadores de asistencia y periodistas. El antes lujoso recinto se ha convertido, tras el temblar de la tierra en un hospital de asistencia.
“Un hotel tiene que ser como un padre, una madre, todo al mismo tiempo”, dijo su administrador general haitiano, Frantz Rimpel, quien comenzó a trabajar en el lugar lavando platos, 42 años atrás.
El y el resto del personal de Villa Creole han debido afrontar varias crisis en el pobre Estado caribeño: la caída de Gobiernos y la devastación de huracanes entre otras más, pero para ellos nada se compara a esto.
Se teme que decenas de miles de haitianos hayan muerto tras el poderoso terremoto del martes y muchísimos más estarían heridos o habrían quedado sin hogar.
“Cuando (el presidente Jean Bertrasnd) Aristide fue derrocado en el 2004, fue duro. Un periodista italiano tuvo dolor de muelas y cuando lo llevé a ver a un doctor, casi nos mataron” en el camino, comentó. “Pero este terremoto eclipsa todo. Estábamos totalmente desprevenidos”, aseguró.
Como muchos de los edificios en el exclusivo distrito de Petionville en Puerto Príncipe, el hotel tiene grandes daños a causa del desastre del martes y su estructura central fue aplastada.
El personal no resultó herido de forma directa por la destrucción, más si perdieron amigos y familiares durante la catástrofe.
En los primeros días, abrió sus puestas, permitiendo la entrada liberada de trabajadores extranjeros de asistencia, corresponsales y otros que no tienen a donde ir. Un generador mantenía el abastecimiento eléctrico y ocasionalmente se lograban conexiones a Internet.
Cuando un grupo de asistencia comenzó a entregar medicinas y vendas a los heridos, el rumor se propagó y decenas de haitianos comenzaron a reunirse frente a la entrada. Algunos murieron y sus cuerpos fueron dejados en el camino.
“Mis abuelos fundaron este hotel”, dijo Melissa Padberg, una de las dueñas. “Perdimos invaluables obras de arte. Pero no se trata del dinero ahora. Simplemente estamos tratando de seguir abiertos para entregar los servicios básicos a nuestros clientes y permitirnos ayudar de alguna forma”. El hotel también es usado como base por medios extranjeros.
“Sí, cielo, ese es el hotel. Me estoy quedando en él, no bromeo”, dijo un reportero estadounidense que chateaba con su hija por el servicio de telefonía por internet Skype, mientras ella observaba a través de la cámara web la destrucción del lugar. “Estoy bien, no te preocupes por mí, pero muchas otras personas no están bien”, agregó.



