Primicias24.com- La vida cotidiana rebrotaba este lunes en Ashkelon tras la lluvia de cohetes que durante el fin de semana sembró el pánico en esta ciudad costera de 135.000 habitantes del sur de Israel. A apenas 10 kilómetros de la frontera de Gaza, las imágenes de las familias que huían el domingo a la carrera el hacia los refugios antiaéreos parecían olvidadas tras el regreso de los alumnos a las escuelas. La frágil tregua que Israel y Hamás han observado desde primeras horas de la madrugada no oculta, sin embargo, que las espadas siguen en alto tras la mayor escalada bélica en cinco años, ensangrentada por la muerte de 25 palestinos, la mitad de ellos milicianos, y de cuatro civiles israelíes.
En el jardín de la casa de Moshe Agadi los pomelos caídos del árbol por la caída de un cohete Qasan se pudren en el suelo. La metralla que segó la vida de este judío de origen iraní de 58 años ha dejado cicatrices abiertas en la fachada. Agadi se convirtió el domingo en la primera víctima mortal israelí de un misil palestino desde la devastadora guerra de 2014. Aún no había transcurrido una jornada completa cuando a las 4.30 del lunes (3.30 hora peninsular española, 1.30 GMT) entró un vigor el alto el fuego que puso fin a los enfrentamientos. En menos de dos días se han disparado 690 proyectiles hacia Israel y han sido bombardeados 350 objetivos en la Franja palestina. Motivos de sobra en Oriente Próximo para una deflagración armada.
“La brigada de infantería Golani, la séptima brigada acorazada y los refuerzos de artillería siguen desplegados junto las tropas de la División de Gaza en la frontera”, detallaba en Ashkelon el teniente coronel Jonathan Conricus una de las mayores concentraciones militares que se registran en torno al enclave costero desde la invasión terrestre Operación Margen Protector, en 2014. “Seguimos con atención los acontecimientos; tenemos órdenes de mantener la movilización”, reconoció el portavoz internacional del Ejército israelí.
La mediación de Egipto, respaldada por Naciones Unidas y Qatar, favoreció el cese de hostilidades declarado oficiosamente por Hamás poco después de la medianoche. Los cohetes abandonaron las rampas de lanzamiento y los cazas regresaron a sus bases. La defensa civil israelí levantó a partir de las siete de la mañana las restricciones militares al tráfico, en un mensaje sobrentendido de que Israel suscribía la tregua.
No es un buen momento para la guerra. Precisamente al amanecer de este lunes se ha iniciado el ayuno del mes sagrado musulmán de Ramadán. El miércoles al atardecer arrancan los actos de la fiesta nacional de Israel. Y la semana próxima se celebra en Tel Aviv el festival de Eurovisión, que el Gobierno hebreo ha promovido para proyectar una imagen de modernidad del país.
“En los dos últimos días hemos golpeado a Hamas y a la Yihad Islámica con gran fuerza”, salió al paso de las críticas al alto el fuego el primer ministro, Benjamín Netanyahu, en un comunicado oficial. “La campaña no ha terminado: requiere paciencia, sangre fría y reflexión”. El líder de la oposición, el exgeneral Benny Gantz, calificó de “capitulación ante la extorsión de las organizaciones terroristas” el cese de hostilidades con las milicias palestinas. El centrista Gantz fue el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas que dirigió en 2014 la última guerra a gran escala en el enclave palestino.
Una cadena de incidentes violentos en la frontera desencadenó el viernes la escalada de enfrentamientos. Dos militares israelíes resultaron heridos de bala en un ataque atribuido a las brigadas Al Quds, ala militar de la Yihad Islámica. En represalia, dos milicianos de las brigadas Ezedin Al Qasan, brazo armado de Hamás, murieron poco después en un ataque de la aviación militar israelí. En la madrugada del sábado se dispararon las primeras oleadas de cohetes hacia Israel, que replicó con bombardeos aéreos masivos. El domingo, la espiral de violencia parecía estar fuera de control.
Los portavoces castrenses sostienen que los bombardeos de precisión han evitado víctimas colaterales, pero la mitad de los palestinos fallecidos en los ataques son civiles. Este es el caso de los dos últimos contabilizados: un matrimonio que fue localizado este martes entre los escombros de su casa en el norte de la Franja. Dos mujeres embarazadas, un bebé y un menor han perdido también la vida a consecuencia de las operaciones armadas. Más de 75 casas han sido destruidas en Gaza por los bombardeos y 420 han resultado dañadas. Sedes oficiales, como la del Ministerio del Interior o la de los servicios de inteligencia, han quedado arrasadas, al igual que las oficinas de la agencia estatal turca de noticias Anatolia.

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