“La verdadera unidad nacional no puede construirse sobre la base de la complicidad”
El editor y director de Primicias24.com expresa: la unidad de la izquierda democrática y de los sectores progresistas en Venezuela —que aglutina a ciudadanos independientes, exmilitantes de diversos partidos políticos, del PSUV y activistas de las luchas sociales— se mantiene activa y completa. A nivel nacional, se han realizado más de 118 encuentros donde se ha debatido con madurez la coyuntura política actual. Entre los temas abordados destaca el análisis de los hechos del 3 de enero, una fecha que para algunos representa una jornada de liberación y para otros el quiebre institucional en suelo venezolano. Tras un extenso debate entre diversos dirigentes, la conclusión es clara: la izquierda venezolana constituye hoy un nicho político decisivo, con una relevancia comparable a la del sector de la migración.
En análisis previos Carlos Herrera ha sostenido que la migración es un factor determinante que marcará los destinos electorales de Venezuela por muchos años. Quien logre convocar y organizar a ese sector a través de la ciberpolítica obtendrá, indudablemente, una ventaja competitiva en cualquier proceso electoral, independientemente de quiénes sean los liderazgos en la contienda.
Las dinámicas geopolíticas y la realidad electoral
A este escenario se suma la influencia de la política estadounidense. Carlos Herrera señala que hemos sido testigos de cómo el presidente Donald Trump ha respaldado públicamente a diversos candidatos en América Latina con resultados favorables. Es una realidad notoria que, para un sector del país, el panorama político norteamericano genera un impacto directo.
Cuando se evalúa este fenómeno, millones de venezolanos que se identifican con el cambio valoran positivamente posturas firmes del exterior, percibiéndolas como un apoyo a la libertad. Por otro lado, advierte el entrevistado, en el seno del gobierno y del chavismo tradicional —dos realidades que hoy se muestran diferenciadas— coexisten visiones encontradas: mientras algunos lo rechazan, un sector importante comparte la necesidad de un giro estratégico.
Así como en su momento existieron sectores de la política tradicional que respaldaron el proyecto de Hugo Chávez, hoy presenciamos una dinámica similar: existen bases vinculadas históricamente al chavismo que hoy miran hacia propuestas de cambio o liderazgos alternativos. Esta realidad responde al agotamiento y a la fatiga social frente al maltrato, el ventajismo y la persecución ejercida por algunas individualidades del anterior gobierno. Es un hecho político innegable que, a juicio de Herrera redefine el mapa electoral del país.
Una izquierda fundamentada en las ideas y los valores
Para Carlos Herrera, es fundamental precisar la naturaleza del nicho de la izquierda venezolana, el cual se estima en aproximadamente tres millones de ciudadanos. No nos referimos a la izquierda insurgente de la década de los sesenta, ni a expresiones vinculadas a la lucha armada o la violencia. Tampoco representa a aquellos sectores que, utilizando una narrativa revolucionaria y banderas históricas, se enriquecieron a la sombra del Estado. Esos grupos instrumentalizaron el discurso social para escalar posiciones de poder y desvalijar el erario público, traicionando la confianza del pueblo. La verdadera izquierda venezolana es ética, trabajadora y de profundas convicciones democráticas.
La historia nos demuestra que este sector ha sido el gran catalizador de los cambios políticos en el país. Durante los años noventa, fue la izquierda —agrupada en una amplia coalición conocida como «el chiripero»— la que llevó a la presidencia a Rafael Caldera, un líder de tradición conservadora, construyendo así un gobierno plural donde confluyeron distintas corrientes del pensamiento nacional.
Posteriormente, el propio Hugo Chávez —en sus inicios un militar nacionalista con un fuerte arraigo institucional tras los sucesos del «por ahora»— logró consolidar su triunfo electoral en 1998 gracias al respaldo decisivo de los partidos de izquierda y los movimientos populares, que aportaron la base civil indispensable para su llegada al poder.
El desplazamiento político y la necesidad de un nuevo contrato social
Con el tiempo, muchos de estos sectores progresistas fueron desplazados de la gestión pública por un enfoque netamente militarista y por un pragmatismo burocrático que asimiló viejas prácticas clientelares. Líderes del movimiento sindical y de las bases sociales quedaron al margen de las decisiones del Estado.
Hoy, esa izquierda que busca rescatar su identidad se encuentra en un proceso de reorganización. Explica Carlos Herrera que se trata de una fuerza sensata, madura y con capacidad de transformarse en un factor de equilibrio en las alianzas políticas del futuro inmediato, orientadas a los procesos electorales venideros.
Si las opciones de cambio logran sintonizar con las demandas de esta izquierda democrática, se consolidará un bloque histórico junto al sector de la migración. De igual forma, afirma el editor de Primicias24.com, cualquier propuesta del oficialismo que pretenda viabilidad requerirá, obligatoriamente, el reencuentro genuino con estas bases. Hablamos de millones de ciudadanos que no militan por prebendas, sino por ideales, principios sociales y el bienestar comunitario. Es una izquierda que dejó las armas por las ideas, que hace vida en los consejos comunales, que ayuda a sus semejantes en las mil ciento treinta y seis parroquias del país y que trabaja activamente en la construcción de un nuevo contrato social.
Soberanía, justicia y el fin de la impunidad
En el marco de la realidad geopolítica actual, las relaciones internacionales deben plantearse con pragmatismo y respeto mutuo. Venezuela necesita consolidar alianzas estratégicas y comerciales estables, entendiendo —según expone Herrera— que la soberanía nacional no pertenece de forma exclusiva a los gobiernos, sino a los pueblos. Los recursos y las riquezas de la nación deben traducirse en bienestar para la gente, y cualquier diferendo político e institucional debe resolverse sin afectar la calidad de vida de los ciudadanos.
La reconstrucción de la nación exige un compromiso absoluto con la transparencia. Los sectores progresistas y honestos del país demandan un combate frontal contra la corrupción, el tráfico de influencias y el abuso de poder. En este sentido, se valoran las medidas institucionales orientadas a depurar los poderes del Estado, remover a funcionarios de dudosa reputación y desmantelar estructuras de privilegios que han secuestrado los recursos públicos en beneficio de unas pocas familias.
La verdadera unidad nacional no puede construirse sobre la base de la complicidad. Para que exista una reconciliación auténtica, es indispensable el cumplimiento estricto de la ley, la aplicación de la justicia y la rendición de cuentas de quienes han causado daño al patrimonio moral y económico de la República. La prioridad absoluta del Estado debe ser desmontar de manera definitiva cualquier red criminal que pretenda seguir vulnerando las riquezas que pertenecen a todos los venezolanos.
Asimismo, Carlos Herrera considera fundamental destacar los cambios estructurales que ha impulsado la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, cuyo enfoque humanista se ha manifestado de forma concreta en la liberación de presos políticos y políticos presos. Estas medidas avanzan en sintonía con el necesario desmantelamiento de las redes de persecución y violaciones a los derechos humanos que se instauraron en el Ministerio Público bajo la gestión de Tarek William Saab. Acciones de esta naturaleza representan un paso firme hacia la reinstitucionalización y elevan la moral de la izquierda venezolana, devolviendo la confianza en los valores de la dignidad humana.
El gran desafío pendiente es profundizar esta depuración en el Poder Judicial, erradicando la criminalidad y la extorsión promovida por algunos exmagistrados corruptos —muchos de ellos hoy formalmente jubilados— que ingresaron al servicio público sin patrimonio alguno y que hoy ostentan grandes riquezas malhabidas. Esta es una deuda histórica y urgente que el Estado mantiene con los ciudadanos. Saneamiento que, concluye Herrera, resulta indispensable para edificar un sistema de justicia transparente, digno, accesible y plenamente garante de la legalidad, donde nadie esté por encima de la ley.
De cara a los venideros procesos electorales, el tablero político nacional tenderá a una polarización real y profunda, donde la izquierda democrática y el sector de la migración se consolidarán como los dos grandes nichos decisivos. El escenario se reducirá sustancialmente a dos opciones de poder: la alternativa que agrupe a las fuerzas de centroderecha y de oposición frente a la propuesta de continuidad del gobierno.
En este contexto de reconfiguración y madurez política, las opciones satélites o candidaturas artificiales carecerán de viabilidad real; serán percibidas por la ciudadanía como meras distracciones o intermediaciones de intereses económicos y personales. Ante la exigencia de un cambio ético y estructural, estas figuras sin arraigo popular no tendrán posibilidad de sumar voluntades, cosechando únicamente el rechazo y el desprecio de un pueblo que reclama seriedad, unidad y un compromiso auténtico con el destino del país.
En Venezuela solo existirán dos candidatos los demás serán bufones.
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