Primicias24.com- El diputado a la Asamblea Nacional (AN) y dirigente opositor, Franco Casella, dio detalles de su reciente fuga de la embajada de México, ubicada en Valle Arriba, Caracas, donde permaneció 126 días, luego que el pasado 14 de mayo el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenara retirarle su inmunidad parlamentaria, acusándolo de traición a la patria por presuntamente participar en la llamada Operación Libertad.
En entrevista con el Diario La Razón, el también dirigente de Voluntad Popular (VP) explicó que la decisión de irse estuvo motivada principalmente «porque le incomodó que el otorgamiento de asilo se fuera a dar en medio de un diálogo falso», pues solamente participan el presidente Nicolás Maduro y algunos miembros de la oposición venezolana.
“Yo dejé una carta, yo no dije por qué me había ido. No podía decirlo porque yo no sabía si llegaría o no a salvo a mi destino, que era salir del país”, enfatizó.
Casella indicó que su solicitud de asilo, la cual ingresó por medio de una carta el 26 de julio de 2019, fue demorada debido a la injerencia de la vicepresidente Delcy Rodríguez y el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, quienes mantienen una relación amistosa con Efraín Guadarrama Pérez, director general de Organismos y Mecanismos Americanos de la Cancillería mexicana.
“Había hecho la solicitud, pero empiezo a ver que se tarda eso demasiado. Hay un funcionario, que es el enlace entre el canciller, y es quien supervisa directamente a los encargados de negocios, Efraín Guadarrama. Este personaje empieza a generar retardos, me dice que está concedido el asilo, pero no me entregan el documento. El funcionario también mantiene conversaciones y una relación muy cercana, a mi gusto, con los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, enclaves de Maduro. Ya yo sentía una parcialidad hacia el régimen, no de los funcionarios, sino de quien generaba las instrucciones desde México”, dijo.
Detalló que mientras en la residencia mexicana se llevaba a cabo la comida con motivo del 209 aniversario de la Independencia, se retiró a su habitación, empacó sus pertenencias en una bolsa de basura y se dispuso a abandonar el inmueble, que estaba vigilado por seguridad privada y policías.
El momento en que el diputado opositor eligió para escabullirse fue después del brindis de honor, en el cual participó e incluso dirigió unas palabras a las autoridades mexicanas, que ni siquiera sospechaban que unos minutos después, alrededor de las 18:00 horas, se iría.
“Dije unas palabras muy sentidas acerca de mi afecto hacia México. Ya en el fondo yo sabía que eran palabras de despedida, pero los funcionarios no”, resaltó.
El legislador relató que utilizó la puerta del cuarto por donde se tiran los desperdicios de la casa para salir a la calle, donde, con miedo, caminó alrededor de 150 metros a la Avenida Nicolás Copérnico, hasta un punto donde un colaborador le entregó las llaves de un vehículo que ya estaba en marcha.
No tenía idea de cuánto le tomaría a los diplomáticos mexicanos percatarse de su ausencia, por lo que condujo el automóvil a través de Las Mercedes y Chulavista hasta llegar a la autopista Francisco Fajardo y enfilar hacia el oeste.
Casella recordó que el recorrido se volvió eterno, pues todo el tiempo miraba el espejo retrovisor de su vehículo para asegurarse que nadie lo siguiera, ya que el riesgo de caer en las manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia y de la Guardia Nacional Bolivariana era latente. De hecho, en varias ocasiones tuvo que acceder a caminos secundarios para evadir la mayor cantidad de retenes policíacos posibles, algunas de cuyas ubicaciones conocía gracias a que un colaborador le había dado esa información.
Así condujo hasta Maracay, donde cambió de automóvil. Desde este punto, Casella estuvo acompañado por un amigo.
El resto del trayecto por Valencia, San Carlos, Barinas, Guanare y El Piñal fue accidentado, con 35 puestos de alcabalas y de paramilitares en total. En uno de ellos fue reconocido por un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana, quien aplaudió la gesta del opositor y lo dejó ir, relató vía telefónica desde Madrid.
“Incluso uno de los retenes era dirigido por gente del Ejército de Liberación Nacional. En tres de ellos hubo un riesgo real de quedar detenido y en uno de ellos un capitán de la Guardia, muy cerca de la frontera, me dice: ‘diputado, yo sé lo que está pasando, hay órdenes de capturarlo, pero sé que usted es parte de esos diputados que ha asumido la defensa de mis colegas que se encuentran detenidos y torturados’”, refirió.
Ya cerca de Cúcuta, contó que pagó en una alcabala para evitar que autoridades revisaran su identidad, mientras que en Barinas desembolsó 350 dólares para cruzar por un punto de control de la Policía Nacional Bolivariana.
“Fue una travesía muy compleja. Cuando llegamos a la frontera atravesamos una de las tantas trochas, de noche, esperando en medio del monte, en medio del río, y ya llegando al lado colombiano las autoridades de ese país habían desplegado a elementos de seguridad que me recibieron y me resguardaron”, narró.
Esa última parte de la fuga, cuando llegó a la frontera con Colombia, se dio a pie, confundido con otros venezolanos que escapan de su país, en medio de la montaña y con un guía que le cobró 5 dólares para llevarlo por caminos clandestinos.

