Jimmy López Morillo: Ben Johnson, el eterno dopado

Primicias24.com- Asombró al mundo en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, con un récord en los 100 metros planos que entonces parecía de otro planeta, pero rápidamente se desvaneció por dar positivo en pruebas antidopaje.

Por extraño que parezca, la prueba más rápida del atletismo, los 100 metros planos, suele ser la que más llama la atención, probablemente porque allí se dilucida, en teoría, quiénes son la mujer y el hombre más veloces de una localidad, una nación, un continente o de esta tierra que habitamos.

Cuando se trata de un evento de la talla de los Juegos Olímpicos, esa atención se multiplica por millones alrededor de todo el planeta y en los celebrados en Seúl, Corea del Sur, 1988, no hubo excepción a esta regla no escrita, pero establecida y sobreentendida en competencias internacionales.

Así ocurrió en la final de esta prueba reina de la pista y el campo, el 24 de septiembre de ese 1988, cuando un jamaiquino de 27 años, residenciado en Canadá desde los 15, asombró a quienes presenciamos cómo en una explosiva carrera, la más rápida hasta entonces de la historia, dejó un registro de otro planeta para el hectómetro: 9.79 segundos, nuevo récord mundial, por supuesto.

Ben Johnson, sí, de él estamos hablando, por supuesto, se dio incluso el lujo de voltear hacia atrás y levantar la mano en señal de victoria antes de cruzar la meta, mientras miraba al gran favorito de los aficionados, los medios y, no faltaba más,  los sponsors publicitarios, Carl Lewis.

No obstante, su celebración, la admiración y el estupor que generó en esos segundos, conjuntamente con la gloria al subir a lo más alto del podio, recibir la medalla de oro, escuchar el Himno Nacional de Canadá mientras se elevaba hasta lo más alto la bandera con la hoja de arce, apenas se prolongaron por tres días.

El 27 de septiembre, se develaría una vergonzosa verdad: Johnson, el héroe indiscutible de 72 horas antes, pasaba a convertirse en el peor de los villanos de aquellos Juegos Olímpicos, al dar positivo por consumo de estanozonol, un esteroide anabólico sintético, que se administra a personas afectadas por anemias y casos de debilidad extrema, pero en atletas aumenta la masa muscular, aunque con posibles efectos secundarios graves.

Entonces, su viaje hacia el abismo fue tan vertiginoso como su ascenso hasta lo más alto del olimpo.

Tiempo después, se pudo conocer que en la misma carrera, seis de los ocho atletas habían utilizado sustancias prohibidas, con la excepción de Lewis y el también estadounidense Calvin Smith.

Luego, estallaría otro escándalo, desnudando complicidades:  en 2003, Wade Exum, quien de 1991 al 2000 fue director del departamento del control antidroga del Comité Olímpico de Estados Unidos,  entregó a la revista Sports Illustrated 30.000 páginas de informes de la organización, en las cuales se detallaba que en las pruebas preparatorias para Seúl, Carl Lewis, a quien llamaban “El hijo del viento” y era el “muchacho de la película”,  dio positivo tres veces, pero se ocultaron esos resultados para permitirle actuar en la capital coreana. “Tarde piaste, pajarito”, dirían en Venezuela.

Subida y bajada

Como se ha dicho, Johnson emigró a Ontario, Canadá desde su natal Jamaica –tierra de grandes velocistas, de donde es oriundo precisamente quien luego se convertiría en uno de los mitos del atletismo, Usain Bolt-.  Su hermano mayor le presentó a Charlie Francis, monarca en el país norteamericano de los  100 metros en 1970, 71 y 73 e integrante de la selección de ese país que compitió en  Múnich 1972. Con él, comenzó a  entrenar en el equipo Scarborough Optimist.

Luego de numerosos tropiezos iniciales, los cuales inclusive lo llevaron a manejar la posibilidad del abandono, fue seleccionado para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, pero el boicot de varios países encabezados por Estados Unidos le impidió participar.

 En Los Ángeles, en 1984, sí pudo estar y finalizó con la medalla de bronce detrás de Carl Lewis y Sean Grady, ganando otra del mismo metal en los relevos.

Tres años después, en el Mundial de Roma, se apoderó del oro y el récord mundial de los 100 planos, al detener los cronómetros en 9.83, pero el inexplicable desarrollo de su musculatura y sus ojos amarillentos, comenzaban a delatar un posible uso de sustancias prohibidas.

Todo quedó al desnudo al año siguiente en Seúl y el mundo se le vino encima: no solamente lo despojaron de su medalla de oro, sino que perdió a la mayoría de los clientes que utilizaban su imagen para publicidad; lo obligaron a devolver el Ferrari Testarossa con la matrícula BEN 983, recuerdo de su récord de Roma y fue suspendido de todas las competencias por dos años.

Su retorno se produjo en 1991, clasificando para los Juegos Olímpicos de Barcelona, España,  1992, donde no pasó de la semifinal de los 100 metros. En enero de 1993 ganó una prueba de 50 metros en Grenoble y estuvo muy cerca del récord mundial, pero de nuevo resultó positivo, en esa ocasión por testosterona. Lo suspendieron de por vida y todos sus récords fueron borrados de los registros.

Sin embargo, un tribunal canadiense estimó en 1999 que la sanción tenía defectos de forma, anulando la suspensión, aunque solo en ese país, donde luego de intervenir en varias carreras, sin asomarse siquiera a sus antiguas marcas, salió positivo una vez más, para decretarse el definitivo final de su oscura trayectoria en el atletismo.

En adelante, se ha ganado la vida como entrenador de atletas –siempre envuelto en sospechas-, corrió contra caballos y carros, publicitó bebidas energéticas e incluso lanzó una línea de ropa.

 

 

Jimmy López Morillo

Dos veces ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar

Las incongruencias, plagios, errores gramaticales y otorgraficos, son única y exclusiva responsabilidad directa del periodista que firma esta noticia y no de primicias24.com

 

 

 

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