Primicias24.com- Aunque no estaba previsto en el orden del día, varios de los oradores, en declaraciones a la prensa Takeshi Osuga, portavoz de la presidencia japonesa de la cumbre, no identificó quiénes ni cuántos, según las normas de estas conversaciones a puerta cerrada, sacaron a relucir el cambio climático, el asunto en el que las posiciones están más enrocadas. Y más enfrentadas.
El presidente francés, Emmanuel Macron, y el resto de los países europeos, junto a Canadá, quieren una mención específica de apoyo al acuerdo de París de 2015. Los países firmantes acordaron limitar entonces el aumento de las temperaturas a menos de dos grados centígrados con respecto a las preindustriales. Las políticas actuales llevan, según un informe de Naciones Unidas en 2016, a una elevación de al menos tres grados para finales de este siglo. Pero Estados Unidos se retiró unilateralmente en 2017 de ese pacto medioambiental, y veta ese lenguaje.
No es un problema que surja por primera vez. Desde 2017, los participantes en esta cumbre que agrupa al 85% de la economía mundial han adoptado como fórmula un “19+1” a la hora de referirse al medioambiente, que les permite hablar con una sola voz mientras Estados Unidos reiteró en una declaración aparte su retirada del acuerdo de París. En la cumbre de Buenos Aires en diciembre pasado, todos los miembros, excepto EE UU, acordaron que el acuerdo de París era irreversible.
Pero este año, ante las presiones de Estados Unidos, la declaración propuesta por la presidencia japonesa, según un texto preliminar, amenazaba con ser mucho más débil y quedar en una mera felicitación por los progresos obtenidos y un deseo de avances en la próxima reunión de la ONU, el próximo diciembre. Otro borrador más reciente al que tuvo acceso una agencia de noticias británica sí reiteraba la condición irreversible del pacto de París.
“Los estadounidenses mantienen un lenguaje muy duro sobre la mesa”, especificó Macron, según el cual Washington busca socios entre los países participantes que le apoyen a la hora de “degradar el lenguaje del comunicado”. Pero si además de Estados Unidos hubiera otros países, dos o tres, que se negaran a sumarse a la declaración de apoyo a París “eso sería inaceptable para nosotros”, subrayó el presidente galo, que amenazó con no suscribir el texto si no se menciona la cumbre de hace cuatro años.
Arabia Saudí, Turquía o el Brasil de Jair Bolsonaro podrían ser algunos de los países sobre los que Washington intenta ejercer presión. El presidente estadounidense, Donald Trump, tiene previsto reunirse con los dos primeros este sábado, y se vio con el brasileño este jueves. El populista Bolsonaro, muy criticado por los europeos sobre su política ambiental, había llegado exigiendo respeto: “no aceptaremos ser tratados como en el pasado”, advertía. Pero, preguntado sobre las presiones de Estados Unidos, su portavoz, Otávio Rego Barros, ha echado balones fuera y ha subrayado que su país cree en el multilateralismo para atajar la emergencia climática.
La presidencia japonesa no descarta que en las sesiones del sábado, dedicadas al medioambiente, la energía y la lucha contra la contaminación del plástico en los mares, vuelva a salir a relucir la cuestión: “es posible”, declaró lacónicamente Osuga a la prensa.
Diferencias
Si los desacuerdos sobre cambio climático son los más fuertes, no son los únicos. Las diferencias sobre el proteccionismo y el libre comercio también han salido a relucir este jueves. La guerra comercial entre China y Estados Unidos representa un lastre que apunta con arrastrar al resto de la economía global. Trump mantiene una posición proteccionista y amenaza con extender a otros países la subida de aranceles que ya ha aplicado a 200.000 millones de dólares en importaciones chinas. Xi, por su parte, ha advertido en una reunión de los BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica, que el proteccionismo “está destruyendo el orden comercial mundial. Esto también tiene un impacto sobre los intereses comunes de nuestras naciones y arroja una sombra sobre la paz y la estabilidad mundial”.
Nuevamente, Japón, el mejor aliado de Estados Unidos en Asia, que intenta negociar con Washington un tratado de libre comercio y renegociar su acuerdo de defensa, y que al mismo tiempo desea hacer más cálida su relación con Pekín, trato de quitar hierro al asunto. “Hay riesgos a la baja debido a la escalada de esas tensiones. Los líderes del G20 estuvieron de acuerdo en la necesidad de que el grupo debería ser la locomotora que ponga la fuerza para lograr el crecimiento en la economía global”, sostuvo Osuga.
Trump, que llegaba belicoso a la cumbre tras arremeter en diversas declaraciones contra Alemania, el tratado de defensa con Japón y la política comercial de India, China y Vietnam, negaba por su parte antes de su bilateral con Bolsonaro, que haya renunciado a imponer nuevos aranceles a las importaciones chinas a cambio de que Xi aceptara el encuentro del sábado. Sí intentó mostrarse más moderado que en días previos. Acerca de las conversaciones que celebrará este sábado con Xi, aseguró que serán “productivas”. “Va a resultar en algo que, esperamos, será bueno para ambos países”.
El PAÍS
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