Base Naval de Guantánamo: 121 años de ocupación ilegal de EEUU en Cuba

Primicias24.com Desde hace 121 años Estados Unidos mantiene ilegalmente una base naval en la provincia cubana de Guantánamo, instalada tras la rúbrica de un tratado bilateral de arriendo, el 23 de febrero de 1903.

Mucho antes de esa fecha, incluso del comienzo de las luchas independentistas contra el dominio español en la isla, ya los padres fundadores de la nación norteña advertían las enormes posibilidades del oriental territorio antillano, situado a mil kilómetros de La Habana.

En declaraciones a Prensa Latina, René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz, explicó que esa ambición radicaba en la posición estratégica y geopolítica de su bahía, que permite el dominio del tráfico marítimo por el sur del Caribe.

Ello, aseveró, evidencia cómo, tras la intervención norteamericana en la guerra entre las tropas cubanas y españolas, en 1898, el primer puerto ocupado por la marina estadounidense fue el de Guantánamo y, desde allí, organizaron la invasión a Puerto Rico y el ataque a Santiago de Cuba.

Luego vino la introducción de la Enmienda Platt en la Constitución de 1901, bajo la amenaza de una posible continuidad de la ocupación militar de Washington, “nos limitaron la soberanía, surgió una República y un estado proyector que asumió la intrusión en la isla como un derecho”.

En consonancia con el artículo VII de ese apéndice incluido en la Carta Magna, Cuba y Estados Unidos suscribieron el Tratado de Arriendo de Bases Navales y Carboneras en 1903 que permitía, inicialmente, el establecimiento de cuatro enclaves: Guantánamo, Cienfuegos, Bahía de Nipe y Bahía Honda.

La Base Naval de Guantánamo comenzó sus operaciones en diciembre de 1903 y, a juicio del también expresidente del Instituto de Historia de Cuba, resultó, en la primera mitad del siglo XX, el escenario de entrenamiento y preparación de la flota norteamericana. Este destino, constituyó “la punta de lanza para las invasiones al resto de los países del área, desde allí salió parte importante de los buques estadounidenses que incursionaron en México, en 1914; Haití, República Dominicana, Nicaragua y Guatemala”.

La instalación resultó, por tanto, “un foco de tensión continental” y trampolín militar y de ensayo para las agresiones promovidas desde la Casa Blanca contra América Latina y el Caribe; sumado a otras consecuencias negativas como la deformación social.

“Los marines y las tropas acantonadas en la base requerían, por sus propias leyes inescrupulosas, el establecimiento de lugares de recreación que, en esta región oriental, fueron los burdeles. Guantánamo, Caimanera y Boquerón constituyeron zonas de tolerancia”, expresó el experto.

Surgieron numerosos bares y prostíbulos; en paralelo, el desarrollo económico del área respondía al aseguramiento de los soldados y, por ejemplo, el acueducto de Yateritas solo abastecía de agua a la base, mientras el pueblo de Caimanera carecía del vital líquido.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), según testimonios de la época, el puerto de Guantánamo fue el segundo más importante para la marina norteamericana en el mundo, después del de Nueva York, por el tráfico militar y la presencia de efectivos.

Tras el triunfo de la Revolución en Cuba, el 1 de enero de 1959, cambió el matiz de las agresiones—que ya acontecían en las inmediaciones de la base— y comenzó una campaña de hostilidad y provocaciones hacia los milicianos y luego contra la Brigada de la Frontera, constituida en 1961.

“Comenzaron con disparos desde el territorio ilegalmente ocupado hacia las costas cubanas, asesinaron a los soldados de la isla y lanzaron campañas de desinformación para culpabilizar a los militares de la nación caribeña”, aseguró González Barrios.

Luego del fracaso de Playa Girón, en abril de 1961, idearon, mediante la Operación Mangosta, pretextos de invasión, a partir, por ejemplo, del derribo de un avión con estudiantes estadounidenses, el hundimiento de un buque o una autoagresión con morteros.

“Hoy las relaciones con las autoridades de la base son diferentes, basadas en el respeto. Pero, mientras exista el imperialismo y la ocupación de ese territorio, está latente la posibilidad de justificar un ataque o intervención militar norteamericana en Cuba”, concluyó el experto.

Fidel sobre la Base Naval de Guantánamo “Estados Unidos está ahí por la fuerza” (Cubadebate)

La presencia de la Base Naval de Guantánamo desde el 23 de febrero de 1903 en Cuba devino gran preocupación para el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz. En disímiles ocasiones explicó de forma muy clara la posición de Cuba ante la base naval. 

Desde hace 121 años Estados Unidos mantiene ilegalmente una base naval en la provincia cubana de Guantánamo, instalada tras la rúbrica de un tratado bilateral de arriendo, un día como hoy de 1903.

En noviembre de 1960 por el alto espíritu revolucionario de los trabajadores de la Base Naval de Caimanera, Fidel Castro va a conversar con ellos y a pedirles que no se le dé ningún pretexto, que no se propicie ningún acto por parte de los marines de Estados Unidos que posibilitara una agresión a nuestra patria.

En horas de la noche, en el local del Instituto de Segunda Enseñanza de Guantánamo, al iniciar su discurso, Fidel afirmó:

“Hacía mucho tiempo que tenía la idea de celebrar una reunión con ustedes, los obreros de la Base Naval de Caimanera. En realidad, como tenemos mucho trabajo, habían ido transcurriendo los meses y no había podido venir a cumplir este propósito. Por fin hoy, haciendo un esfuerzo y pidiéndoles, al mismo tiempo, la excusa por la hora en que hemos llegado, decidimos hacer el viaje aquí y organizar, discretamente, esta reunión”.

Durante el encuentro reflexiona con ellos:

“En primer lugar, el gobierno se cree en la obligación de actuar en todo este problema relacionado con la base con mucho cuidado.  En primer lugar, ya todos han tenido oportunidad de escuchar nuestros pronunciamientos, en el sentido de advertir que continuamente… —incluso en las Naciones Unidas lo planteamos, me imagino que una parte de ustedes estaría escuchando también––, nuestra preocupación de que se quisiera tomar la base como un pretexto para crear conflictos al Gobierno Revolucionario, y también, incluso, un punto que nos preocupaba a nosotros, como lugar donde se podía propiciar una autoprovocación.

Les voy a decir con entera franqueza, que yo creo que los elementos reaccionarios, retrógrados que gobiernan Estados Unidos, no son más que poderosos intereses económicos que allí controlan toda la vida de la nación, desde los periódicos hasta los bancos, pasando por todas las grandes empresas. Un puñado de señores allí son los que dominan toda la vida de ese país, y se han caracterizado por ser siempre gente sin escrúpulos.  Y nosotros, sinceramente, siempre hemos estado preocupados con esa posibilidad de que un día quieran fraguar una autoprovocación”.

(…)“Esta es una base militar importantísima, que está de manera evidente por la fuerza. Con la Enmienda Platt llegaron a ella contradiciendo su propia determinación del Congreso de Estados Unidos de que Cuba debía ser un país independiente; después de 30 años luchando los cubanos, los padres de todos ustedes, ya que ustedes posiblemente la mayor parte son orientales y proceden de esta zona, y esta zona, pues, dio decenas de miles de patriotas.

Luego, todos tienen que haberse encontrado con esa cosa triste de que su país no era totalmente independiente, teníamos ahí un embajador que era el que mandaba, teníamos, la Enmienda Platt, con el derecho de intervenir. Es decir, decapitaron el sueño de nuestro pueblo de ser un pueblo independiente, que es un derecho de todos los pueblos; tuvimos que soportar, o tuvieron que soportar, primero que los desarmaran, después que estaban desarmados presentaron la Enmienda Platt, y después con la Enmienda Platt cercenaron nuestra independencia, teniendo la facultad de ejercer ellos su control político, y ser ellos los que controlaran la vida de nuestro pueblo”.

(…) Así que nosotros nos sentimos seguros de la capacidad de nuestro pueblo para resistir, y, simplemente, contemplamos este problema de la base como un problema delicado, como un punto neurálgico, y sobre todo un punto donde nosotros tenemos que actuar con la mayor inteligencia; un problema legal, un problema de derecho, un problema moral, no un problema de fuerza. Y que tenemos la seguridad que a la larga este derecho nuestro, esa razón moral, eso, triunfará.

Pero, sobre todo, tenemos que estar muy cuidadosos de la política que debemos seguir, para que a ellos no pueda facilitárseles el camino de una autoprovocación y de un pretexto para la agresión a nuestro país. En esta política tiene que haber una línea muy recta y una postura muy patriótica por parte de los trabajadores de la base, los trabajadores cubanos, en el sentido de cooperar con el Gobierno Revolucionario a seguir una política como la que debe seguir con relación a la base de Caimanera. (1)

Durante una entrevista concedida a Bárbara Walters, periodista de la Televisión Norteamericana ABC sobre sobre la Base Naval de Guantánamo, ella pregunta: Guantánamo.  ¿Esto es algo que constituye una parte muy importante de sus condiciones para la normalización de relaciones con nosotros o es una cuestión secundaria?

A la que Fidel Castro responde: “Guantánamo no le sirve para nada hoy militarmente a Estados Unidos.  La mantienen como un acto de fuerza y de prepotencia, ocupando una parte de nuestro territorio nacional, que hoy en la época nuclear no tiene ningún valor estratégico.

No tiene ningún derecho a estar ahí, puesto que están contra nuestra voluntad; y yo creo que no se puede tener una base militar en el territorio de ningún país contra la voluntad del país.  Digamos que Estados Unidos está ahí por la fuerza.

Nosotros no hemos querido nunca convertir Guantánamo en un problema especial, levantar la bandera, la reivindicación de Guantánamo, para evitar crear un sentimiento de irritación permanente en nuestro pueblo.  Por eso lo hemos dejado a un lado. ¿Quieren estar ahí?  Bueno, algún día tendrán que irse de ahí, el día que empiecen a reaccionar cuerdamente.

El mundo es mucho más ancho y más grande que Guantánamo.  Guantánamo es un pedacito de tierra. Si algún día nos sentamos a discutir para normalizar las relaciones, por supuesto, uno de los puntos que no puede faltar en esa discusión es la cuestión de Guantánamo.  Ponernos de acuerdo a ver qué día se van de Guantánamo o qué año se van de Guantánamo.  Porque ellos le impusieron a la República un acuerdo por tiempo indefinido.  Se supone que cuando en un contrato legal se habla de tiempo indefinido es 100 años, y pronto, dentro de 20 años se van a cumplir 100 años de ese acuerdo.

¿Qué derecho tiene Estados Unidos de estar en Guantánamo contra la voluntad de nuestro pueblo?  ¿Qué derecho tiene a ocupar un pedazo de nuestro territorio contra la voluntad de nuestro pueblo?

Guantánamo es un acto de fuerza. Están allí por la fuerza.  Ahora, nosotros ni hemos utilizado ni vamos a utilizar nunca la fuerza para recuperar Guantánamo, porque no vamos a librar una guerra contra Estados Unidos por Guantánamo.  Y el mundo es amplio, es ancho. (2)

En la entrevista con Tomás Borge para el libro Un grano de Maíz expresa:

“Creo que un elemento que no podría estar nunca ausente de negociaciones con Estados Unidos, además de los problemas del bloqueo económico y todo eso, es lo relacionado con la Base Naval de Guantánamo, un pedazo de nuestro territorio ocupado por la fuerza y que debe ser devuelto a nuestro país. Fuera de eso se pueden discutir todas las cosas que se quiera si están dentro de los principios y si están dentro del respeto a la independencia y a la soberanía de Cuba”. (3)

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Guantánamo sigue siendo una tortura (Rosa Miriam Elizalde)

6 de julio de 2023

Por primera vez, en 22 años, un relator independiente de las Naciones Unidas tuvo permiso de las autoridades para visitar la cárcel que Estados Unidos mantiene en la Base Naval de Guantánamo, Cuba. La funcionaria de la ONU, Fionnuala Ní Aoláin, profesora de Derecho irlandesa, llegó a la misma conclusión que prisioneros y abogados que han logrado ofrecer su testimonio desde dentro: «El sufrimiento de los detenidos es profundo y continuo», dijo la relatora en su informe publicado la semana pasada.

De los 780 que han pasado por Guantánamo desde la «guerra global contra el terrorismo» emprendida por George W. Bush, quedan 30 prisioneros de distintas nacionalidades, sobrevivientes de torturas, incluidas el submarino, la privación del sueño, el acoso sexual, la alimentación forzada de huelguistas de hambre y un largo prontuario de abusos físicos. Algunos también fueron torturados en los «sitios negros» de la CIA antes de que aterrizaran en este limbo diseñado para eludir el sistema de justicia y delineado para una crueldad y salvajismo solo comparables con los que llevaron a cabo los nazis en los campos de concentración.

Los prisioneros llegaron con uniformes de color naranja y encapuchados, e ingresaron en un campo de detención formado por jaulas al aire libre, que luego serían sustituidas por celdas rodeadas de alambradas electrificadas de tres metros. Con el eufemismo de que los detenidos son «combatientes enemigos ilegales» en lugar de «prisioneros de guerra», Estados Unidos inventó este sitio en la Tierra donde los sospechosos no están protegidos por el habeas corpus y el control judicial del sistema constitucional, ni tampoco por las convenciones de Ginebra para los prisioneros de guerra que rigen en todos los países civilizados. Una guerra, por cierto, que hace rato terminó.

La Base Militar, un enclave ocupado ilegalmente por Estados Unidos en territorio cubano desde 1904, es una aberración que ha conducido al infierno a ancianos con demencia senil, adolescentes, enfermos siquiátricos graves y maestros de escuela o campesinos sin ningún vínculo con los terroristas que atacaron las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Según los informes secretos filtrados por Wikileaks hace años y que hasta hoy no han sido desmentidos, el principal propósito de la prisión nunca fue escarmentar a los terroristas, sino «explotar» la delación de los reclusos y funcionar como una inmensa comisaría de policía sin límite de estancia.

«El trato cruel, inhumano y degradante, según el Derecho Internacional, es constante», asegura la relatora de la ONU que convivió durante cuatro días con algunos presos, cuya manutención cuesta al contribuyente de Estados Unidos 13 millones de dólares al año, por prisionero. La mayoría de ellos nunca han sido acusados de ningún delito. Ní Aoláin también descubrió que los detenidos que habían sido torturados sufrían traumas físicos y sicológicos extremos que no estaban siendo tratados o atendidos adecuadamente en Guantánamo.

Seis administraciones han mantenido este horror, incumpliendo en algunos casos la promesa electoral de cerrar la cárcel. «Guantánamo —dijo el candidato Barack Obama en el lejano 2008— es la más seria amenaza a la credibilidad de Estados Unidos como una democracia defensora de los derechos humanos». Biden era entonces un jovial aspirante a vicepresidente de Estados Unidos y asentía con entusiasmo, acomondándose sus gafas de sol. Apenas traspasaron ambos el umbral de la Casa Blanca, «echaron marcha atrás después de encontrar oposición de los republicanos y de algunos legisladores demócratas», escribió el The New York Times. ¡Y eso, en teoría, fueron los buenos tiempos!

La monstruosidad que es la cárcel de Guantánamo, mantenida por tanto tiempo y hasta ahora sin ninguna supervisión de la ONU, muestra que no se trata de unas cuantas manzanas podridas, ni del delirio paranoico de Bush. Es el sistema que fomenta los vicios para luego pretender castigarlos. Es la joya de la corona y el Triángulo de las Bermudas del sistema offshore de injusticia del Gobierno estadounidense, incrustado en este mundo con tanta firmeza como el Departamento de Seguridad Interior que patea a los inmigrantes, la Agencia de Seguridad Nacional que vigila a miles de millones de ciudadanos y la Guerra Global contra el Terror (llámese ahora como se quiera).

Oficina de Prensa

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