Primicias24.com.- Libro del Eclesiástico nos exhorta actuar con humildad para ganar el favor de Dios, no hay nada más odioso que una persona orgullosa, pretenciosa, y soberbia, en cambio el sencillo y humilde es apreciado por todos.
Esta enseñanza es reafirmada por el evangelio, donde Jesús al notar que los invitados a una boda elegían los primeros puestos les aconseja no buscar los lugares de honor, Jesús propone la humildad como camino, destacando que en el reino de Dios lo que cuenta es un corazón dispuesto a servir no las apariencias, los títulos o los honores humanos.
La parábola confronta la búsqueda de prestigio y poder, proponiendo la humildad como una actitud interior y una forma de vivir.
No es de ninguna manera pasividad y conformismo, sino fortaleza y lucidez, permitiendo vivir sin depender de la aprobación ajena.
Jesús también enseña a invitar a los pobres y necesitados a nuestras comidas, en lugar de nuestros amigos que pueden darnos una recompensa, es decir actuar con libertad y gratuidad y no solo buscando intereses y favores a cambio.
El salmo nos invita a cantar a Dios o ser protector de los desvalidos y nos anima actuar con claridad concreta.
Jesús nos llama a dar sin esperar nada a cambio, siguiendo el ejemplo de Dios que nos ama son condiciones.
Esta enseñanza requiere una conversión profunda y una revisión de nuestras intenciones mas intimas, amar y servir sin interés, solo es posible cuando dejamos que Dios transforme nuestro Corazón.
El evangelio de hoy nos llama a vivir como Jesús, amando por amor, sirviendo con fe y viviendo en paz.
Pidamos a ese corazón humilde y generoso capaz de compartir sin reservas y vivir desde la lógica del reino, donde los últimos serán los primeros y los invisibles son los preferidos de Dios, que no demos para servir sino para la alegría de compartir, solo así nuestra vida será un reflejo de banquete eterno que Dios prepara para todos, especialmente para los que no cuentan de los ojos del mundo y cundo llegue el día de la resurrección de los justos, seremos bienaventurados, no por lo que hayamos logrado, sino por lo que fuimos capaces de amar.



