Antonio Bermúdez: Por un Control Fiscal al servicio de la verdad: Es hora de Reformar la Ley de la Contraloría General de la República

Primicias24.com En un país que busca distinguirse sobre las bases de la transparencia y la eficiencia, sigue pendiente una tarea fundamental: modernizar la maquinaria del Estado para que sirva al pueblo, no a intereses burocráticos. En este sentido, la reforma de la Ley de la Contraloría General de la República no es una opción, es una necesidad urgente. Necesitamos pasar de un control fiscal obsesionado con el formalismo legal a uno comprometido con la verdad llana y verdadera.

Durante demasiado tiempo, hemos sido testigos de cómo el espíritu de la contraloría, que no es otro que proteger el patrimonio público, se ve ahogado en un mar de papeles, informes, procedimientos interminables y tecnicismos legales. Se ha creado una cultura donde lo importante parece ser que el expediente esté en orden, aunque la realidad grite lo contrario. Mientras un auditor se pierde en el laberinto de un requerimiento mal formulado, los recursos del pueblo se desvían, las obras se paralizan y la corrupción encuentra sus grietas por donde colarse.

El exceso de legalismos no es sinónimo de rigor; a menudo es el mejor aliado de la inoperancia. Actualmente un proceso de fiscalización puede tardar años en emitir finalmente un dictamen, porque cada coma debe ser consultada y cada paso debe seguir un protocolo arcaico, es un proceso que ha fracasado. Según la vigente Ley, una vez finalizada una auditoría, el proceso administrativo hasta la decisión final, sin interrupciones, dura doce meses y medio. La burocracia se convierte en un fin en sí misma, y el objetivo último —descubrir si se manejaron bien o mal los fondos— se difumina.

Estos formalismos ofrecen una cobertura perfecta. El funcionario negligente o corrupto puede escudarse en un vicio de procedimiento para anular una investigación, mientras el daño al patrimonio público permanece impune. ¿De qué nos sirve una contraloría técnicamente impecable si no es eficaz para detener la corrupción? Necesitamos un control ágil, que priorice el fondo sobre la forma.

La propuesta de un control fiscal que vaya a la “verdad llana y verdadera” significa darle un giro copernicano a la institución. Implica:

  1. Enfoque en los Resultados: La pregunta central debe cambiar. Ya no será solo “¿se siguió el procedimiento?”, sino “¿se cumplió el objetivo? ¿Se entregó el servicio? ¿Se benefició realmente a la ciudadanía?”. Una obra pública no se juzga por las toneladas de cemento presupuestadas o las toneladas de asfalto colocadas, sino por su calidad y por haber sido terminada a tiempo.
  2. Agilidad y Pragmatismo: Debemos dotar a la Contraloría de herramientas modernas y procedimientos expeditos. Usar la tecnología. Dejar de acumular papeles. El big data y la inteligencia artificial pueden analizar grandes volúmenes de datos para detectar anomalías en tiempo real, no años después. Un control preventivo y en tiempo real vale más que mil actos de fiscalización posteriores.
  3. Auditorías con Sentido Común: Es necesario empoderar a los auditores para que usen su criterio profesional y su sentido común, enfocándose en lo materialmente significativo. Que un documento no tenga el sello en el lugar exacto, o que una firma no esté estampada, no pueden tener más peso que la evidencia de un sobreprecio de millones.

Algunos dirán que relajar los formalismos abre la puerta a la arbitrariedad. Por el contrario, un sistema ágil y centrado en la verdad es más transparente. Sus resultados son claros y comprensibles para todos: se actuó bien o se actuó mal. La transparencia no reside en la complejidad de los informes, sino en la claridad de sus conclusiones y en la celeridad con que se actúa sobre ellas.

La reforma de la Ley de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal es una oportunidad histórica para convertirla en el verdadero termómetro de la gestión pública. Es una cuestión de sentido común y de voluntad política. Exijamos una Contraloría que no se pierda en los papeles, sino que hable el lenguaje de la realidad: claro, directo y contundente. Una contraloría que no tema nombrar la verdad, por cruda que sea, y que esté al servicio no de la norma por la norma, sino del pueblo al que se debe.

Es hora de que el control fiscal deje de ser un ritual y se convierta en una herramienta poderosa para la honestidad y el desarrollo de la Nación. La verdad, por llana que sea, siempre será el camino más corto hacia la justicia. Por un Control Fiscal al Servicio de la Verdad: Es Hora de Reformar la Ley de la Contraloría General de la República.

¡Venceremos!

por ANTONIO BERMÚDEZ

      Doctor en Derecho Procesal Constitucional

      Ex Contralor Municipal de Maracaibo

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