Primicias24.com- Winston Churchill, gran estadista británico y Premio Nobel de Literatura, solía decir que «un joven de 18 años que no simpatizara con el comunismo era porque no tenía corazón, pero un hombre de 40 que siguiera en eso es porque no tenía cabeza». De esta manera puso de relevancia la necesidad en el sujeto de evolucionar el pensamiento en el devenir histórico.
Muchos individuos obtusos parecieran pasar por desapercibida esta lapidaria aseveración de ese genio político y siguen anclados en pensamientos anacrónicos, completamente descontextualizados de la realidad actual.
La denominada era planetaria cada vez luce compleja por la aparición de eventos azarosos que deben ser abordados con nuevas cosmovisiones. El desafío más importante al que se enfrenta la humanidad es construir escenarios para adelantarnos a esos imprevistos cambios del entorno y sortearlos con éxito.
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Hoy vivimos grandes avances en las tecnologías de información y comunicación, la proliferación de una diversidad de actores y una creciente tendencia hacia espacios virtuales en las relaciones humanas y un proceso de globalización donde lo universal se conjuga con lo aldeano. Paradójicamente, experimentamos desigualdades sociales, pobreza, hambruna, conflictos étnicos, ingobernabilidad política, cambios climáticos, pandemia, guerras bacteriológicas, entre otros.
Todas estas variables han puesto de relevancia una profunda crisis epistemo-axiológica que obliga, fundamentalmente al liderazgo político, a replantearse el pensamiento. Se trata de una nueva racionalidad epistémica -cómo abordar con otros enfoques la realidad circundante- que conlleve a desafiar esos vaivenes que afectan terriblemente las condiciones de vida de la población.
Las organizaciones políticas, que tienen como propósito la toma del poder y promover su proyecto doctrinario al resto de la sociedad, deben renovarse en sus cuadros dirigenciales y directrices para aplicar estrategias encaminadas al cumplimiento de su misión institucional. Además, necesitan revitalizarse de talentos humanos captados de la propia sociedad para potenciar la acción estratégica de la organización.
Tal tarea requiere de disposición al cambio, negociación y acuerdo de las diversas visiones internas en función de obtener resultados que se traduzcan no sólo en la conquistar del poder político sino en resolver los urgentes problemas de la ciudadanía.
La renovación del pensamiento político debe estar presente en los individuos y las instituciones a la hora de abordar la realidad social. Los partidos y demás organizaciones de naturaleza política tienen que apostar a la creación de un clima transparente, flexible y enriquecido con las diversas ideas de sus miembros. Es el reto individual y grupal en este sorprendente siglo XXI.
Politólogo y Doctor en Ciencias Gerenciales, Jesús Castillo.



