Jimmy López Morillo: Hace medio siglo Venezuela se estremeció con cuatro títulos mundiales de boxeo

Primicias24.com- El 27 de febrero de 1971, Vicente Paúl Rondón noqueó en el sexto asalto al estadounidense Jimmy Dupree en el Nuevo Circo de Caracas, para convertirse en el segundo venezolano en conquistar un título mundial de boxeo, emulando a Carlos «Morocho» Hernández, quien había roto el celofán en 1965, doblegando en el mismo coso a otro norteamericano, Eddie Perkins.

 

Con su triunfo, Rondón dio inicio a la tan explosiva como efímera racha de cuatro monarcas universales boxísticos de Venezuela, que generó gran impacto en nuestro territorio y nos colocó brevemente en la cúspide de ese deporte en el planeta aquel histórico año, completando el grupo los sucrenses Alfredo Marcano, Antonio Gómez  y el zuliano Betulio González.

 

La pelea, era por el cetro vacante, luego de que la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) despojara aa Bob Foster –quien siguió siendo reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB)-, por negarse a defenderlo ante Dupree.

El sábado 27 de aquel febrero, en un atestado escenario caraqueño y con transmisión radial y televisiva a todo el país, el californiano salió arrollando al barloventeño, a quien tumbó en el segundo round, poniendo en vilo a millones de venezolanas y venezolanos que de una u otra forma seguían la pelea. La campana, llegó en auxilio del muchacho del patio.

Para el tercero, la recuperación de Rondón fue milagrosa, comenzando a demoler a rival, haciéndolo sangrar copiosamente en distintas partes del rostro, hasta que en la sexta vuelta, con Dupree acorralado e indefenso, el árbitro Zachary Clayton se vio obligado a detener el ya desigual combate. 

Rondón, aunque subestimado en el tiempo –en el peso mediano se ganó al ex monarca Luis Manuel Rodríguez y al rocoso Benny Briscoe, quien puso en aprietos al legendario argentino Carlos Monzón{, fue un sólido campeón mundial . Hizo cuatro defensas y al terminar cada una de ellas solía decir : «La bendición a mi ‘amá y que me traigan a Fosrel”, con quien deseaba reunificar el título.

 

El esperado choque entre los dos mejores semipesados del mundo se dio el 7 de abril de 1972, con Foster masacrando en dos asaltos al “Muchachote de Barlovento”, quien se mostró timorato, con la mirada huidiza.  El ácido humor criollo transformó entonces su acostumbrada frase en » La bendición a Fostel y que me traigan a mi ‘amá».

Luego, vendría un estrepitoso derrumbe, con incursiones  desafortunadas en los completos, hasta su obligado retiro en 1974. Ganó mucho dinero, se publicaron fotos suyas encendiendo habanos con billetes de 100 $, pero cayó en el alcohol, las drogas y la demencia, languideciendo hasta apagarse anónimamente el 28 de diciembre de 1992, contando con apenas 54 años, en Carapita, muy lejos de los grandes titulares acaparados en sus días de esplendor.

 

Alfredo Marcano

Cuatro meses y dos días después, fuimos testigos de la coronación de otro campeón mundial de boxeo en el mismo año. La transmisión radial fue  a las 6:30 de la mañana, pues el careo tendría lugar  ese jueves 29 de julio de 1971 en Aomori, Japón, a donde llegó Alfredo Marcano con los pronósticos en contra,  mientras que el nipón Hiroshi Kobayashi lucía como un sólido campeón.

Sin embargo, el sucrense comenzó dominando la pelea, con buenos desplazamientos, acertadas combinaciones desde la media y larga distancia y sorteando con soltura los ataques de su rival cuando lo llevaba contra las cuerdas.

Desde el quinto, la balanza comenzó a inclinarse hacia el campeón, quien acertaba con largos y poderosos golpes. En el noveno, parecía el final para Marcano, pues Kobayashi lo hizo tambalear en varias ocasiones, poniéndolo en muy mal estado y obligando al referee a darle un conteo de protección que determinó, inusitadamente,  el cambio de rumbo de la pelea, pues fueron 8 segundos de respiro y descanso para el venezolano.

De inmediato, Kobayashi se fue como un huracán para rematar a su retador, quien permanecía  mareado y casi sin piernas, esquivando y soltando golpes solo por instinto, uno de los cuales, un bestial y milagroso “upper cut”,  explotó en la mandíbula del monarca, llevándolo a la lona, salvándolo el tañido de la campana.

Para el décimo asalto, ya no había nada qué hacer: Kobayashi no había podido “sacarse” el golpe y cayó tres veces, decretándose el reglamentario KO.

Alfredo Marcano, se convertía así en el tercer campeón mundial de boxeo de nuestro país, segundo del 71 y comenzaba a vestirse con ropajes de ídolo, pero se dio la eterna historia: la vida disipada mermó rápidamente sus condiciones, apenas pudo defender triunfante en una ocasión su título de los ligero juniors, frente a otro japonés, Kenji Iwata, antes de que un filipino de 19 años, Ben Villaflor, le arrebatara el cetro en una injusta y abucheada decisión el 25 de abril de 1972.

 

Pudo disputar otro título mundial, el pluma, cuya versión del Consejo Mundial de Boxeo abandonó el brasileño Eder Jofre. En septiembre de 1974, otra vez con las apuestas en su contra, enfrentó al recio californiano Bobby Chacón, con registro de 22 nockouts en 24 refriegas y apenas 22 años –por 27 de Alfredo-  y quien con el devenir del tiempo terminaría en el Salón de la Fama del Boxeo.

El cumanés, dio una gran batalla, atacando en todo momento a su joven rival, a quien hizo tambalear en par de ocasiones, sin rehuir el combate adentro a pesar de la pegada explosiva de Vhacón. En el noveno round, el esfuerzo le pasó factura: minado por los golpes acumulados, cayó y escuchó la fatídica cuenta de 10, mientras intentaba recuperar la verticalidad. Al año siguiente, 1975, tras ser dominado  por el oscuro canadiense Art Haffey, colgó los guantes. 

Fue un extraordinario boxeador, con buena pegada y una defensa por encima del promedio. Debió haber llegado mucho más lejos, tenía con qué hacerlo. El 3 de mayo de 2009, a los 62 años perdió la pelea de su vida, contra el cáncer.

 

Antonio Gómez

Quien para muchos pudo haber sido el mejor pugilista venezolano de todos los tiempos –pero las francachelas lo llevaron por otros derroteros-, el cumanés Antonio Gómez, la madrugada de otro jueves, el 2 de septiembre de aquel inolvidable 1971,  nos hizo de nuevo despertarnos para escuchar la transmisión radial desde Tpkio, Japón, de su careo por el título mundial pluma contra el  monarca de la AMB Shozo Saijo, quien había vencido a su hermano mayor, Pedro, en febrero de 1969, de tal manera que aquel amanecer septembrino tenía especiales connotaciones para “El león cumanés”.

Dueño de un movimiento de cintura prodigioso, que le permitía “pasar” golpes con insólita facilidad, una esgrima de altos kilates y una respetable pegada, Antonio subió al ensogado como el favorito.

Desde el mismo primer capítulo comenzó a erosionar al muy valiente Saijo, derribándolo en ese asalto, en el tercero y el cuarto.

En el quinto, salió decidido a cumplir la promesa hecha a su manejador, el inmortal comentarista Carlitos González –codueño junto a otro legendario narrador, Delio Amado León, de la empresa Gondel-, soltando todo su arsenal ante un casi indefenso japonés, a quien envió a la lona en tres ocasiones, para obligar al referee a suspender reglamentariamente la masacre, concretando la coronación del fenomenal criollo.

Los caminos de la gloria parecían abiertos sin límites para Gómez, pero su vida disipada, el licor y los trasnochos debocados y su aversión a los entrenamientos, rápidamente tuvieron su costo.

Venció en su primera defensa al mexicano Raúl Martínez Mora, antes de terminar echando por la borda los sueños, destronado por el panameño Ernesto “Ñato” Marcel el 19 de agosto del 72. 

 

Este combate, por cierto, dio origen a un hecho único en la historia del periodismo deportivo venezolano, cuando el gobierno del presidente Rafael Caldera ordenó recoger la totalidad de la edición de la revista Cancha, por el titular con el cual Jesús Cova y Carlos Ortega encabezaron la crónica de aquella tragedia boxística para nuestro país: “¡Todo se fue al carajo!”.

Al año siguiente, recibió otra golpiza del itsmeño, recientemente fallecido, hilando una cadena de derrotas en deplorables presentaciones, que obligaron al IND a retirarle la licencia como boxeador por razones médicas en 1975. El venidero 30 de septiembre, cumplirá 77 años. Sigue residenciado en su natal Cumaná.

 

Betulio González

Curiosamente, quien en teoría reunía menos condiciones pugilísticas de este cuarteto, Betulio González, con el pasar de los años terminaría convirtiéndose en uno de los boxeadores más destacados de nuestro país, cuidado si no el mejor de todos los tiempos. 

Irónicamente, su campeonato mundial llegó de una manera polémica, gracias a un “frasquito”. El nacido en Santa Bárbara del Zulia Betulio González, es hoy una de las leyendas de este deporte en Venezuela, pero en aquel entonces no contaba con  la chispa con tintes de ídolo que encendía las gradas, como quienes lo precedieron en las coronaciones.

El primero de abril de ese 1971, en Tokio, en una muy cuestionada decisión de los jueces, falló en su intento de destronar al rey de los moscas en le versión de la AMB, Masao Oba. El 20 de noviembre,  con el Estadio “Luis Aparicio ‘El Grande’” de Maracaibo como escenario, afrontó su segunda oportunidad en menos de un año, esta vez por la parte del CMB, cuyo titular era el filipino Erbito Salavarría.

Si bien la decisión favoreció a este último, como durante casi todo el careo se le vio al final de cada asalto ingiriendo una sustancia sospechosa, la Comisión de Boxeo del Zulia objetó el resultado, confiscó el “frasquito” y lo envió al organismo rector del evento. Ese día, no se supo quién era el triunfador.

El 30 de diciembre, el CMB anunció, luego de realizarse pruebas en un laboratorio, que el recipiente contenía anfetaminas, despojó al filipino y convirtió a Betulio en el cuarto campeón mundial venezolano de ese glorioso 1971. 

 

Después de varios combates sin el título en juego a comienzos del 72, González efectuó su primera defensa el 3 de junio en el Nuevo Circo, liquidando en cuatro vueltas al filipino Sócrates Batoto. El 29 de septiembre, en Bangkok, Tailandia, expuso  por segunda vez su cetro y el recio local Venice Borkotsor,  lo castigó severamente, obligándolo a quedarse en su esquina para el décimo asalto.

Betulio, quien a lo largo de su carrera se fue reinventando, no cedió en su empeño de retornar a la cima de su división. Cuando el tailandés dejó vacante el cetro, lo disputó ante el fino esgrimista mexicano Miguel Canto, el 4 de agosto de 1973, dominándolo por decisión en Maracaibo, para sumar su segunda corona, que perdería el 1 de septiembre en Japón ante Shoji Oguma.

Pero quizás su consagración como púgil completo e ídolo, capaz de desempeñarse a un elevado nivel en todas las distancias, la logró el 12 de agosto del 78, en su épica pelea contra el mexicano Guty Espadas, por el título mosca de la AMB, imponiéndose  por decisión dividida en 15 trepidantes asaltos en la Maestranza de Maracay. Fue uno de los más memorables combates efectuado en el mundo aquel año. Allí, se convirtió en tricampeón mundial.

Realizó tres defensas triunfales, antes de caer frente al esquivo panameño Luis Ibarra, el 17 de noviembre del 79 en el mismo coso aragüeño, manteniéndose activo hasta el 28 de noviembre del 84, cuando luego de ser noqueado en Maracaibo por Rodolfo Blanco, entendió que ya era hora de marcharse.

Terminó con 76 victorias, 52 de ellas por nockout, 12 derrotas y 4 empates, además de su trío de coronas en el peso mosca, algo inusual en una misma división por las dificultades para mantener el peso que suelen afrontar los púgiles.

En opinión de muchos, reúne suficientes méritos para ser entronizado al Salón de la Fama del Boxeo, del cual ha sido relegado.

Sigue residiendo en el Zulia, ha mantenido una vida ejemplar, como en sus tiempos de activo y en octubre cumplirá 72 años.

Escrito por Jimmy López Morillo

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