Primicias24.com- A pesar de que las semillas de lino, chía, sésamo o girasol, cobraron protagonismo recientemente como complemento alimenticio para múltiples platos dada su llamativa densidad nutricional, no a todos los organismos les hace bien, consumir lo mismo.
Específicamente, las semillas de lino, no solo tienen efectos beneficiosos sobre la salud, sino que también se cultivan con otros fines, como la fabricación de material textil o para la producción de aceites vegetales, por lo que hay algunas preocupaciones sobre la seguridad de su consumo.
Aunque el aceite de semillas de lino contiene entre un 40-60% de ácido alfa-linoleico, una grasa poliinsaturada esencial que se convierte en ácidos grasos omega-3, sustancias antiinflamatorias que también ayudan a controlar el peso, diversas investigaciones arrojan que la fibra que contienen las semillas de lino ayudarían a suprimir el apetito, lo que es contraproducente
Las semillas de lino o linaza contienen diferentes compuestos, tales como lignanos, isoflavonas, antioxidantes diversos, ácidos grasos omega-3 y fibra. Todos ellos interactúan con las bacterias intestinales o microbioma, mejorando la salud general, y potenciando la pérdida de peso según algunos estudios.
Cómo consumir semillas de lino
Aunque las redes sociales suelen dar ideas a diario sobre cómo consumir los diferentes tipos de semillas y frutos secos, te dejamos un pequeño repaso sobre su consumo:
-Semillas molidas, mediante un molinillo de café por ejemplo, para usarlas de forma triturada como aditivo natural sobre diversos platos (ensaladas, batidos, como complemento de un yogur o queso batido).
-Germinar las semillas, para agregarlas a ensaladas o en un sándwich.
-Aceite de semillas de lino, como alternativa a otros aceites vegetales más conocidos.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de los Estados Unidos afirma que las semillas de lino suelen ser bien toleradas en cantidades limitadas. Aún así, sugieren tener en cuenta algunas precauciones.
-Evitar semillas crudas o inmaduras.
Evitar su consumo durante el embarazo o lactancia, dado su potencial efecto hormonal y la poca información existente al respecto.
Beber mucha agua tras consumirlas.

