Primicias24.com- El 27 de noviembre de 1820, el Libertador, Simón Bolívar y Pablo Morillo, ratificaron con un fraternal abrazo, el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, acuerdos firmados entre la Gran Colombia y el Reino de España, el 25 y el 26 de noviembre, en Santa Ana, estado Trujillo.
Con la formalización finalizó la crueldad y el horror característicos de la lucha por la independencia y del dominio por parte de España.
En ese momento, por primera vez, Bolívar y Morillo se vieron frente a frente y estrecharon sus manos. Aquel tratado, en el que Antonio José de Sucre jugó luego un papel relevante, fue el principal antecedente del derecho internacional humanitario actual. El acuerdo significó para los patriotas ser reconocidos por España como fuerza combativa.
Se dice que el recio general español se sintió apenado cuando vio llegar al sitio previsto al Libertador, con la mínima compañía, montado en una mula, sin arreos militares, con gorra de campaña y una levita azul; mientras que él, apareció con sus mejores galas y un considerable grupo de escoltas.
La población de Santa Ana, ubicada a unos 1.650 metros de altitud y reconocida hoy como una importante zona productora de café, acoge al monumento conmemorativo del abrazo entre Bolívar y Morillo. El himno de la entidad hace alusión al pueblo como “Santa Ana en la historia es amor”.
La tregua se rompió antes de lo que se había acordado. El 28 de enero de 1821 se produjo un pronunciamiento en el que se declaraba a la provincia de Maracaibo, unida a la Gran Colombia.
El general venezolano, Rafael Urdaneta, ocupó en seguida la ciudad con varios batallones ligeros. Miguel de la Torre protestó, alegando que la medida era una violación del tratado y Bolívar a su vez, argumentó acerca de su legalidad.
Al no llegar a un arreglo sobre Maracaibo, ambos bandos acordaron el reinicio de las discrepancias, el 28 de abril. Sin embargo, a partir de allí, el resto de los enfrentamientos violentos hasta el final del conflicto de la independencia, tanto en Venezuela como en el resto de Sudamérica, estarían regulados por el Tratado de Regularización de la Guerra.

