Primicias24.com- El 24 de enero de 1965 murió el político y ex primer ministro británico Winston Churchill, reconocido por liderar al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.
Se le atribuye el acuñar la frase “sangre, sudor y lágrimas”, la cual utilizó en numerosos discursos para incentivar a las tropas reales que combatieron por toda Europa.
Nació en el seno de una familia burguesa de la Gran Bretaña, su padre era duque de Marlborough y madre una mujer norteamericana.
En su edad escolar no destacó por sus grandes notas, al contrario fue recluido en colegios costoso por ser un niño con bajas calificaciones y una rebeldía perenne contra todo el sistema escolar.
A pesar de ello, se le consideró como un joven brillante que estudiaba solo cuando quería y con quien quería.
En 1890 se alistó en el cuerpo de Húsares reales, donde viajó por el mundo para batallar contra los “enemigos de Inglaterra”. La India en 1898 y Sudán en 1899, le valieron una prolífica reputación como militar y estratega.
Llegó al parlamento inglés, tras afiliarse al partido conservador, en 1900. Sus discursos y su buen humor pronto se hicieron famosos. Pero su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara.
En la Primera Guerra Mundial figuró como Lord del Almirantazgo, pero por el desastre bélico en Dardanelos en 1915, tuvo que renunciar a su cargo. Más tarde se alistó en el ejército y peleo como Teniente Coronel y Comandante de Guarnición en el frente occidental.
Una vez terminada la Gran Guerra, continúo su carrera política, en la época de la posguerra se dedicó a actividades artísticas, desarrolló una importante afición por la pintura que solo se vio interrumpida cuando en 1939 los aires de una nueva confrontación bélica sacudió a Europa.
En esa época proclamó la necesidad que tenía el Reino Unido de rearmarse por la creciente amenaza Nazi; luego de que Hitler invadiese Polonia dos días después Inglaterra y Francia le declararon la guerra a Alemania.
Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos. Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico.
Como primer ministro, le correspondió participar en las cruciales conferencias de Casablanca (1943), El Cairo (1943), Teherán (1943), Yalta (1945) y Potsdam (1945), en las que se diseñó la estrategia de la guerra y, una vez acabado el conflicto, el mapa político mundial que se mantendría vigente hasta 1989.

