Así se construyen los motores de los cohetes que van al espacio

Los cohetes dan lugar a una alta fuerza de empuje superior a su peso; de lo contrario, no sería posible despegar

Primicias24.com- Un estudio minucioso y detallado publicado por el diario ABC de España, revela cómo son creados los motores cohetes que se encargan de protagonizar grandes misiones espaciales.

Para cada misión, la tecnología es de altísima complejidad y criticidad, pero sin duda lo fundamental es la propulsión cohete. 

Para poner en órbita un vehículo es necesario, en primer lugar, ascender a través de la atmósfera venciendo la gravedad terrestre y después, alcanzar una velocidad horizontal suficiente.

Los cohetes dan lugar a una alta fuerza de empuje superior a su peso; de lo contrario, no sería posible despegar. Esto se consigue haciendo el motor suficientemente grande y potente.

La mayoría de lanzadores de combustible líquido, como el Falcon 9 y el R-7, utilizan keroseno y oxígeno líquido criogénico. Esta mezcla aporta un impulso específico que oscila entre 3 y 3,5 km/s.

Algunos lanzadores de máximas prestaciones como el Ariane 5, el futuro Ariane 6 y el SLS sustituyen el keroseno por hidrógeno líquido y llegan a los 4,5 km/s.

«Aunque esta cifra parece elevada, es mucho más baja de lo deseable. Por ello, los lanzadores son mayormente un tanque combustible volador. Solo una pequeña parte de su masa corresponde a la carga de pago útil», explica el diario.

Desde el siglo XX los expertos desarrollan una forma de propulsión espacial alternativa a la química, conocida como propulsión eléctrica o por plasma.

Estos motores, en lugar de depender de la energía de un combustible, utilizan potencia eléctrica para acelerar directamente el propulsante. De esta forma es posible superar el impulso específico de los motores químicos, llegando fácilmente a 20-40 km/s. «Esto supone un enorme ahorro de masa y hace posibles viajes irrealizables con cohetes tradicionales».

Los que utilzan esta opción ioniza el propulsante, convirtiéndolo en un plasma (una sopa de iones y electrones libres), para después acelerarlo con campos eléctricos y magnéticos. En este principio se basan una gran variedad de tecnologías diferentes, como los exitosos motores de efecto Hall y los motores de iones.

Según los expertos más del 40 % de los satélites geostacionarios utiliza alguno de esos motores para ahorrar cientos de kilogramos de combustible y extender su vida útil, especialmente los motores Hall.

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