El perrito: Cuento de navidad que muestra que los mejores regalos nacen del corazón

Primicias24.com- Un perrito vivía muy triste debido a que por no ser muy atractivo físicamente era atacado hasta por sus propios hermanos, incluso en la calle hasta piedras le lanzaban. 

Luego, un día decidió seguir  a unos señores para que estos llegaran a sus hogares y le dieran comida, pues el pobre perrito tenía mucha hambre. 

Cuando llegó un bebe lloraba desconsoladamente, nada lo calmaba, ni juguetes, ni regalos, mucho menos la comida. El perrito se le acercó y apenas lo miró se calmó. 

Una muestra de que los mejores regalos no son los que tienen mayor valor económico sino aquellos que nacen verdaderamente del corazón. 

Lee el cuento completo aquí: 

“Había una vez un perrito abandonado que vivía muy triste y solito porque nadie le quería. Era el más feo de sus hermanos y ningún niño le había querido adoptar.
Comía lo que encontraba por la calle y siempre tenía miedo porque a veces los niños le tiraban piedras.

Un día vio a unos señores con unos trajes muy bonitos y como parecían que tenían bastante comida y tenían cara de ser buenos, se puso a seguirles.

Pasaron montañas y ríos, desiertos y bosques. El perrito estaba ya cansado y se preguntaba cuándo llegarían a su casa aquellos señores. Algunas veces pensaba que se debían haber perdido porque no sabían seguir, hasta que veían una estrella en el cielo y se ponían a seguirla.

Una noche, llegaron hasta un pueblo pequeño, y al final, llegaron hasta una casa un poco rota. La estrella estaba brillando encima de la casa. Dentro estaba una señora muy guapa y un señor con barba y, en una cunita de paja había un niño pequeño que no paraba de llorar.

Había mucha gente que entraba y dejaba alguna cosa en el suelo: un pan, unas frutas, una manta… y el niño seguía llorando. Los tres señores sacaron tres cajitas y se las dieron también, pero el niño no dejaba de llorar.

Sus papás parecían preocupados. Entonces se acercó el perrito con mucho cuidado hasta la cunita y le puso el hocico encima, moviendo la cola. José, que así se llamaba el señor de la barba le iba a echar de allí, pero entonces el niño miró los ojitos del perrito, dejó de llorar y luego se puso a reír, reír y a reír…
El perrito sintió que por fin tenía una familia de verdad y el niño sintió que aquél era su mejor regalo”.

 

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