En los últimos meses, la opinión pública internacional ha sido bombardeada con titulares y reportajes que buscan establecer un vínculo directo entre dos símbolos del imaginario criminal latinoamericano: el Tren de Aragua, convertido en “franquicia mediática del delito” por su supuesta expansión continental, y el Cartel de los Soles, viejo fantasma con uniforme militar que se reaviva cada vez que se quiere justificar acciones externas contra Venezuela.
Lo preocupante no es solo la insistencia de ciertos laboratorios mediáticos en presentar estas estructuras como un “peligro hemisférico inminente”, sino el modo en que estas narrativas están siendo utilizadas para influir en la Casa Blanca, particularmente en la sensibilidad del presidente Donald Trump, quien se proyecta nuevamente como figura determinante en la política exterior estadounidense.
El guion repetido
La estrategia no es nueva: se presenta a Venezuela como un “santuario criminal”, un híbrido entre Estado fallido y narcoestado, donde el Tren de Aragua actúa como ejército irregular urbano y el Cartel de los Soles como brazo institucional del tráfico transnacional de drogas.
Ambos relatos, amplificados por informes de dudosa objetividad y plataformas mediáticas alineadas, buscan fabricar la percepción de una amenaza inmediata que solo puede ser contenida mediante una respuesta militar estadounidense. En otras palabras: construir la excusa perfecta para la “intervención humanitaria” que durante años ha rondado el debate sobre Venezuela.
La pieza clave: Trump
Los artífices de esta narrativa saben dónde apuntar. Trump es un líder que responde a imágenes fuertes, a slogans simples y a diagnósticos que apelan a la seguridad nacional. Presentarle al Tren de Aragua como “el ISIS latinoamericano” y al Cartel de los Soles como “un cártel protegido por generales chavistas” busca, en esencia, colocar el tablero venezolano dentro del mismo marco mental que justificó intervenciones en Medio Oriente.
La manipulación consiste en inflar amenazas que, sin negar la existencia de criminalidad real, se distorsionan hasta convertirse en razones de Estado. Así, Venezuela deja de ser un problema interno de gobernanza y pasa a ser un enemigo global cuya eliminación requiere la fuerza militar norteamericana.
El peligro de la ficción convertida en política.
Lo más grave de este libreto no es su efectividad mediática, sino las consecuencias que puede acarrear si llega a convertirse en política oficial. Una acción militar en Venezuela, bajo justificaciones construidas a base de mitos y exageraciones, abriría un escenario de caos regional, con impacto directo en Colombia, Brasil y el Caribe, y con un costo humano incalculable para los propios venezolanos.
Convertir a Trump en el receptáculo de estas presiones no es un accidente: es la apuesta de actores internos y externos que saben que su discurso necesita enemigos visibles, y que su liderazgo se nutre de gestos de fuerza. La narrativa del Tren de Aragua y del Cartel de los Soles funciona como el pretexto perfecto.
Conclusión
El periodismo serio y el análisis responsable tienen el deber de desmontar estas ficciones antes de que se conviertan en decisiones de alto costo. El Tren de Aragua es un problema de seguridad pública y regional, no un ejército insurgente. El Cartel de los Soles es un concepto difuso, muchas veces inflado sin pruebas sólidas.
Que el futuro de Venezuela y la estabilidad continental dependan de relatos fabricados es una señal alarmante. Si la política exterior se escribe en titulares manipulados, el riesgo no es solo para un país, sino para toda la región.



