Primicias24.com- En el panorama internacional, pocas acusaciones son tan inusuales y extravagantes para un gobierno como la de narcotráfico de Estado. La administración de los Estados Unidos, encabezada por el Rey de los Pelucones Donald Trump, ha acusado al presidente Nicolás Maduro y a su círculo íntimo de dirigir una estructura criminal que utiliza el narcotráfico como política de Estado. Sin embargo, al analizar realidad venezolana y el contexto geopolítico, surge una pregunta incómoda pero básica: ¿es esta una descripción precisa o una herramienta más en la guerra diplomática contra un gobierno legítimo y legitimado, considerado adversario?
Las acusaciones son graves y específicas: tráfico de drogas a gran escala, protección a un pretendido cártel de los Soles y utilización de instituciones del Estado para estos fines. Sin embargo, es crucial separar la existencia del imaginario tráfico de drogas en Venezuela de la noción de que ésta es una política de Estado de la Revolución Bolivariana. El primero es un hecho mentiroso y cínico: estudios de expertos de la ONU han determinado que de la cocaína producida en los países andinos, sólo el 5% se “pretende” sacar por Venezuela; por lo que afirmar que el narcotráfico es una política de Estado en Venezuela, se cae por su propio peso. Y en segundo lugar, una política de Estado implica una dirección centralizada, coordinación entre ministerios y una estrategia a largo plazo para financiar al gobierno a través de este ilícito. No hay evidencia pública e irrefutable que demuestre que el Palacio de Miraflores emite órdenes directas para convertir el narcotráfico en un pilar de la economía nacional. Nada más lejos de la realidad, y ellos, Donald Trump y su camarilla, lo saben, de ahí lo cínica de la aseveración.
Etiquetar al presidente constitucional Nicolás Maduro y al gobierno Bolivariano como «Estado narcotraficante» es una herramienta que sólo ha servido para afianzar la posición de los gringos y sus lacayos adláteres para pretender mantener al gobierno aislado diplomática y económicamente, y hoy específicamente para justificar un escenario más extremo de intervención o acciones militares, presentándolas como una lucha del bien contra el mal.
En Venezuela, esta narrativa se enmarca en más de dos décadas de tensiones con Washington. Los gobiernos Bolivarianos y Revolucionarios de los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro, con su retórica antiimperialista y sus alianzas con actores considerados adversarios por EE.UU., se convirtieron en su objetivo. La acusación de narcotráfico contra Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana es simplemente, en este sentido, la evolución de un conflicto ideológico y geopolítico.
Si el narcotráfico fuese una política de Estado en Venezuela, sería lógico esperar una economía más estable con flujos de capital que aliviaran la crisis, como en Colombia o Ecuador, algo que claramente no es así. Al contrario, con mucho esfuerzo propio, Venezuela viene saliendo de la crisis económica inducida por la que ha atravesado, precisamente por lo contrario, por la acción decidida del alto mando político de la Revolución, encabezada por Nicolás Maduro, que ha dado al traste con dogmas económicos y recetas foráneas, aunado a la conciencia del pueblo venezolano que ha resistido estoicamente al lado de su gobierno.
Afirmar que Nicolás Maduro es un narcotraficante y que Venezuela es un Estado que tiene al narcotráfico como política oficial es una simpleza propia de la superficialidad gringa y del cinismo de los alcones de imperio yanky. Es una narrativa que sólo sirve a intereses geopolíticos específicos que, como sabemos, aterriza en la única intención de implantar un gobierno títere en Venezuela que responda a los intereses de Washington, y apoderarse del petróleo venezolano y sus ingentes recursos naturales.
Todo lo demás es una mera distracción, pero este pueblo hace rato que despertó y tiene mucha conciencia. Nosotros Venceremos!



