Honorio Francisco Torrealba: Venezuela no es una amenaza, es una nación de paz y trabajo

Primicias24.com.- En medio de los discursos interesados y de las narrativas construidas desde laboratorios políticos y mediáticos, es necesario aclarar una verdad elemental: Venezuela no representa ninguna amenaza para los Estados Unidos de América, ni en lo militar, ni en lo económico, ni en el ámbito del delito o el narcotráfico. Quien conoce el alma de este país sabe que se trata de una nación de gente noble, trabajadora, solidaria y profundamente pacífica.

El pueblo venezolano no fabrica drogas, no sostiene carteles, ni promueve guerras. Lo que se cultiva en su tierra es café, cacao, maíz, caña, petróleo y esperanza. Lo que mueve su espíritu es el esfuerzo diario por salir adelante, no el delito ni la confrontación. Sin embargo, intereses mezquinos y sectores que viven del conflicto, han intentado convertir la relación entre Caracas y Washington en un tablero de tensiones innecesarias, impulsadas por agendas personales que nada tienen que ver con el bienestar de sus pueblos.

Dentro de ese contexto, vale la pena recordar que Donald Trump tuvo la oportunidad —y aún la tiene— de ser el presidente de la paz, el líder que podía inscribir su nombre en la historia como el hombre que reconstruyó puentes, en lugar de dinamitar caminos. Pero hay quienes, movidos por el ego, el dinero o el poder, han intentado empujarlo hacia el papel de un presidente de la guerra, de la confrontación, del ruido que todo lo destruye. Y eso no es lo que el mundo necesita.

Trump, como líder pragmático y de carácter, puede marcar una diferencia histórica si decide apostar por el diálogo, la diplomacia y la cooperación internacional. Venezuela está abierta —y lo ha reiterado— a colaborar en la lucha contra el narcotráfico, contra la delincuencia organizada y en todo esfuerzo legítimo por la paz y la estabilidad regional. No con discursos vacíos, sino con hechos concretos y con disposición sincera.

La guerra no construye. La guerra arrasa, desangra y divide a los pueblos. En cambio, la paz multiplica oportunidades, atrae inversiones, abre mercados, une familias y fortalece naciones. Por eso, Venezuela insiste en que el único camino posible es el entendimiento. No hay beneficio alguno en la destrucción, solo pérdida, dolor y retroceso.

Es momento de que el mundo —y especialmente los Estados Unidos— vean a Venezuela con ojos nuevos: no como un enemigo, sino como un aliado potencial en la reconstrucción de un orden más justo, más humano y más pacífico. Porque la verdadera grandeza no se mide por la fuerza, sino por la capacidad de tender la mano y elegir la paz cuando otros eligen la guerra.

Colombia llama a consultas a su embajador en EE.UU.

Dr. Antonio Bermúdez: Nicolás Maduro no es narcotraficante, el narcotráfico no es una política de Estado en Venezuela