Prostitución en Venezuela: Una generación nacida en crisis

Primicias24.com – Prostitución, palabra que lleva a muchos a pensar en «mujeres de la mala vida», «mujeres de la calle», «mujeres de la vida fácil» o «mujeres públicas», pero a pocos lleva a reflexionar sobre la razones y circunstancias que empujan a muchas féminas a ejercer el oficio más antiguo del mundo.

La prostitución ha estado ligada desde sus inicios a la pobreza, pero también a la denigración de la mujer, quien es la que principalmente lo ejerce a causa de la falta de oportunidades e igualdad de condiciones con los hombres.

Con el pasar de los años esta profesión conllevaba a la facilidad de ascenso socioeconómico, las mujeres que se dedicaban a vender sus cuerpos ayudaban a sus familias, pero también optaban a la oportunidad de obtener casas nuevas en lugares cómodos, carros, ropas, zapatos, joyas y una variedad de lujos de manera más rápida.

Sin embargo, esta es una realidad que en la Venezuela actual ha quedado atrás; la crisis política, social y económica que enfrenta desde hace cuatros años el país ha hecho estragos en la vida de los venezolanos, quienes cada día ven las cosas más difíciles para poder cubrir una de las necesidades primordiales de cualquier ser humano: la alimentación.

Una profesión que roba inocencias / Imagen referencial

La crisis económica es la punta de este iceberg, el poder adquisitivo de los venezolanos cada vez alcanza para menos, con una inflación, de acuerdo a la Asamblea Nacional (AN), de 110% para el mes de mayo, pero en la calle más real con aumentos indiscriminados que se producen diariamente, llevarse un plato de comida a la boca es toda una odisea.

Las mujeres venezolanas se ven en la penosa situación de intercambiar algunos fluidos corporales y el dedicado recorrido a la piel de un extraño, para poder llevar el pan a la mesa de sus casas, pues esto se ha convertido en unas de las alternativas laborales a las que han tenido que recurrir.

¿Producto de exportación?

Durante siglos muchas han sido las féminas que ofrecen sus servicios de «amor» por dinero, ella han mantenido este mercado entretenido y bien abastecido, en bares, burdeles, discotecas, hoteles y principales avenidas del país.

Con vestidos cortos, tacones de aguja, maquillaje de noche y unos resplandecientes labios rojos, muchas de ellas empezaban sus jornadas laborales, con clientes fijos y uno que otro «resuelve» que pasaba por allí, vendían pasiones al oscurecer para tener otro estilo de vida a la luz del sol.

Hoy esas mujeres, las que durante años se han dedicado a prestar sus conocimientos sobre el placer, se han topado con la situación del país que las ha llevado a la degradación más humillante en su oficio: intercambiar sus caricias, a causa de la escasez del efectivo y del poco valor que este tiene, por alimentos.

Las más fuertes y las que han tenido algunos ahorros han podido irse del país, dejar aquí este trabajo para cruzar la frontera y ejercer lo mismo, pero con una mayor competencia y remuneración.

La crisis lleva a buscar otras fronteras / Imagen referencial

«Me vine porque en Venezuela no daba para más, el dinero no me alcanzaba y ya ni lujos me podía dar. A parte, cada día era mayor la competencia y cobraban mucho menos. Aquí por lo menos cobro en dólares», dice Mónica (nombre ficticio), quien se encuentra en Colombia, desde hace ocho meses ejerciendo la prostitución.

Esta joven de 26 años, quien tiene cinco años prestando sus servicios sexuales, aseguró que en el país vecino tiene mucho más oportunidades de ayudar a su familia (quienes en Venezuela ya sabían a qué se dedicaba). «Ayudo en mi casa, le mando dinero a mio mamá y a mis hermanos y tengo para pagar mis cosas acá», agregó.

Mónica explicó que se fue al país vecino con dos de sus compañeras de trabajo, quienes también prestaban sus servicios en una agencia de «modelos» en la capital venezolana, gracias a un contacto que conocieron durante sus jornadas nocturnas.

Por su parte, Danna (nombre ficticio 25 años) explicó que se fue a Perú cuando la situación comenzó a empeorar con otras amigas porque ya no tenían posibilidad de darse los lujos a los que estaban acostumbradas. «Me gusta comer bien y vestir caro, eso en Venezuela ni en sueños lo puedo hacer, por eso aquí puedo trabajar y vivir como Dios manda», aseguró.

La profesional del placer indicó que tiene compañeras que migraron a otras latitudes del continente por la misma razón que ella y que demás, han logrado reclutar a otras jóvenes sin experiencias que se han sumado a este oficio debido a la difícil situación que atraviesan sus familia.

«Hago esto por los dólares, al principio me sentía sucia, pero pensaba en mi familia, en el trabajo que pasé y en la miseria que viví. Ahora puedo mandar dinero dinero a mi familia, ellos comen y viven bien, gracias al sacrificio que yo hago», enfatizó Catalina (nombre ficticio 19 años), quien alegó que nadie la obligó a sumarse a esta profesión.

Una generación nacida en revolución

El escenario para este oficio varió de una manera considerable, pero también lo han hecho sus protagonistas, quienes se inician a muy temprana edad (10 0 12 años) en la profesión más antigua del mundo por la imperiosa necesidad que azota sus hogares.

En la actualidad las niñas venezolanas han dejado atrás las muñecas, tablet’s, computadoras, charlas con sus amigas y fiestas de quince años para sobrevivir a la crisis que ha llevado a miles de venezolanos a comer de la basura.

En noviembre de 2017, la coordinadora de la Fundación Amigos del Niño que Amerita Protección (Fundana), comentó en una entrevista para Venezuela para el mundo que se ha detectado que «en Petare hay niñas que están siendo explotadas sexualmente a cambio de cantidades de comida».

Por su parte, Oscar Misle, director del CECODAP, organización que busca prevenir el abuso infantil, señaló que aproximadamente 45.000 jóvenes se han visto obligadas a abandonar sus ambiciones de trabajar como esclavas sexuales o prostitutas infantiles.

Niñas obligadas a ser mujeres / Imagen referencial

Un reportaje para el canal estadounidense Telemundo, presentado en octubre de 2017, narra la histoia de una niña de 13 años que ha tenido que vender su cuerpo, aún sin formar completamente, por necesidad.

«Ni mi madre ni mi padre pueden darme las cosas que necesito, como comida o artículos escolares», añadió la pequeña.

Otra de las infantes que presta servicios sexuales añadió que «ahora lo que necesitamos es comida, ya sabes, te levantas sin nada para comer». «Llevo dos semanas comiendo plátanos y sin nada: plátanos hervidos, plátanos fritos, plátanos hervidos, sin nada. Entonces, ¿qué voy a hacer? Ponerme a trabajar», aseveró.

Esta es una realidad que ha sido ignorada, esta es una nueva generación que ha surgido en revolución, niñas a partir de 12 años prostituyéndose en los distintos estados del país, para obtener por lo menos un plato de comida.

Ya dejaron de ser comunes los sectores como Plaza Venezuela y Sabana Grande del municipio Libertador de Caracas, y la zona financiera del Rosal, municipio Chacao, ahora las nuevas profesionales, quienes no han ni terminado de desarrollarse, se encuentran en los lugares más lúgubre: calles del centro de la capital, y mercados mayoristas y municipales.

Alrededor de las 6 de tarde aparecen estas niñas, quienes de acuerdo a comerciantes del Mercado Mayorista de Coche llegan desde los Valles del Tuy, para ofrecer sus pequeños cuerpos a cambio de «real y medio». En vista de la falta de efectivo, del poco poder adquisitivo y de la extrema necesidad, estas «mujercitas» venden las caricias recién aprendidas a precios de «ganga» o por alimentos de la cesta básica.

Por más de 10 horas estas adolescentes, de cuerpos delgados, bajas de estaturas y muy poca proporciones físicas, rondan el mercado capitalino en busca de clientes, los abordan para servirles en bandejas de plata sus favores sexuales, los más generosos, brindan algo más que el poco efectivo que tienen en sus bolsillos, les ofrecen frutas y verduras, nada de lujos, ni joyas, todo lo que ellas buscan es comida.

Esta es la vida dura que les ha tocado afrontar a las niñas venezolanas, quienes se olvidan de sueños y se convierten en mujeres para poder obtener un plato de comida que llevar a sus hogares, los cuales están sumido en una extrema pobreza.

La legalidad del asunto

El pasado 25 de junio el protector del estado Táchira, Freddy Bernal, informó que fueron detenidas seis personas en la ciudad de San Cristóbal, tras un operativo policial en el que se desarticuló una red «internacional» de prostitución infantil y se rescató a tres adolescentes de 15 años.

De acuerdo a esta investigación, la red utiliza varios escenarios para captar a las posibles víctimas, entre ellos las escuelas, los sitios nocturnos y los hoteles clandestinos; las forzaba a prostituirse en Venezuela y luego las vendía «como animales» a otras organizaciones de trata de Colombia y Brasil.

Detenidos el sábado 23 de junio por trata de blancas / Imagen referencial

Mientras que, Laidy Gómez, gobernadora de la entidad, indicó que que las niñas y adolescentes eran seducidas con ofertas engañosas de remuneración en divisas extranjeras. «Si el trabajo es prominente les pagan en pesos, pero si es eximido, en dólares», agregó, al referirse al mismo caso.

Como carne de ganado, así son vistos los cuerpos de estas pequeñas féminas, quienes son embaucadas debido a la falta de experiencia y a la necesidad, para terminar vendidas en la frontera al mejor postor.

Aunque en Venezuela no existen instrumentos legales que prohíban o autoricen este oficio de forma expresa, el artículo 15 de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia considera la prostitución como una forma de violencia de género.

La normativa antes mencionada, en su artículo 56 reza que «quien promueva, favorezca, facilite o ejecute la captación, transporte, la acogida o la recepción de mujeres, niñas o adolescentes, mediante violencias, amenazas, engaño, rapto, coacción u otro medio fraudulento, con fines de explotación sexual, prostitución, trabajos forzados, esclavitud, adopción irregular o extracción de órganos, será sancionado o sancionada con prisión de quince a veinte años».

Además, la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida sin Violencia, también reseña que las personas que incurran en el delito de trata de personas, serán castigadas con 20 años de prisión.

Por otra parte, el artículo 259 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente establece que «quien realice actos sexuales con un niño o participe en ellos, será penado con prisión de uno a tres años. Si el acto sexual implica penetración genital, anal u oral, la prisión será de cinco a diez años. Si el culpable ejerce sobre la víctima autoridad, guarda o vigilancia, la pena se aumentará en una cuarta parte».

Cabe destacar que Caracas y en poblaciones del interior del país la prostitución, incluso la infantil, hecho que sí es un delito penado por la justicia venezolana, se lleva a cabo bajo la discreta y criminal complicidad de los funcionarios sobre quienes recae la responsabilidad de reprimirla.

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