Primicias24.com Carlos tiene 28 años y «por el trauma» de sus 45 días de viaje atravesando América no recuerda cuántas noches lleva en Washington. La hemeroteca lo sabe: la madrugada del pasado día 15, un autobús los «dejaba botados» frente a un lugar en el que jamás imaginó estar: la casa de la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris.
«Nos dijeron ‘bájense ahí, que aquí es donde se van a quedar’. Me bajo y veo unos policías y veo que dice ‘naval’, que empiezan a llegar periodistas. Ahí es donde vino mi pregunta, ¿dónde estamos, por qué acá?», cuenta a Efe el joven venezolano.
Las televisiones amanecían con las imágenes de decenas de inmigrantes bajándose de dos autobuses, desorientados, sin saber dónde ir, junto al Observatorio Naval, la residencia oficial de Harris.
En el viaje, organizado por el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, dos agentes que los acompañaron les habían prometido techo y comida al llegar. Pero solo había focos y flashes, los de la prensa avisada para presenciar el show mediático.
Cuando abordó el bus, a Carlos lo convirtieron en una ficha del juego político que los gobernadores republicanos llevan meses practicando, el traslado de inmigrantes desde sus estados a otras partes del país, como protesta por la política migratoria del presidente Joe Biden.



