Primicias24.com- El escritor, periodista y diplomático venezolano, José Rafael Pocaterra, falleció en Canadá el 18 de abril de 1955.
Publicó numerosos cuentos, novelas, artículos y crónicas de prensa. Su obra más conocida fue “Memorias de un venezolano de la decadencia”, una de las más severas críticas al régimen de Juan Vicente Gómez.
Descendiente de funcionarios de la Legión Británica y del Ejército Republicano por parte de su padre y pariente de Miguel de Unamuno, por el lado materno, José Rafael Pocaterra nació el 18 de diciembre de 1889, en Valencia.Es el menor de los tres hijos del matrimonio de Jaime Demetrio Pocaterra y Mercedes MacPherson.
Sus primeros estudios se dieron en el Colegio Don Bosco de Valencia, con el escritor Javier Alexander Bravo Bonillo, sólo hasta el sexto grado, pues las limitaciones económicas del grupo familiar no le permiten continuar su escolaridad. Sin embargo, de inmediato comenzó una sólida formación autodidacta que fu muy enriquecedora, gracias a sus hábitos de lectura.
Encarcelado
En 1907 a los 18 años de edad, Pocaterra realizó sus primeros escritos en el diario Caín, pero, el contenido de sus textos fue tan crítico contra Cipriano Castro y su administración, que todos los redactores de la publicación fueron encarcelados en el Castillo San Felipe de Puerto Cabello.
El castigo se debió, entre otras cosas, a que el periodista publicó una lista de candidatos presidenciales para las elecciones de ese año en la que incluía presos políticos y opositores del Gobierno.
Gracias a la petición de una de las hijas del historiador Francisco González Guinán al presidente Castro, a finales de 1908, el escritor fue liberado de prisión. Sin embargo; a pesar de su experiencia en la cárcel, Pocaterra continuó fustigando a Castro, y posteriormente a Gómez y algunos de los integrantes de sus respectivos gabinetes.
Textos y cargos públicos
Entre 1911 y 1912 colaboró con el periódico Patria y Unión y escribió su primera novela, “Política feminista”, que posteriormente fue editada por la Imprenta Cultural de Caracas.
A finales de 1912 regresó a Caracas; escribió “Veladas oscuras” e incursionó en la vida militar al trabajar como secretario de un general. De esa época datan sus primeros contactos con Román Delgado Chalbaud, a quien acompañó posteriormente, en más de una conspiración.
En 1915 comenzó la publicación de Cuentos grotescos. En ellos, el escritor dio fuerza a un nuevo estilo en la narrativa venezolana, más cercano al realismo social. Con él, enfrenta a los personajes con sus miserias y los hunde en sus condiciones más duras.
Tres años más tarde, en 1917, publicó en El Fonógrafo, un artículo en apoyo a la actuación del frente aliado durante la I Guerra Mundial. Las consecuencias fueron nefastas: fue llevado temporalmente a la cárcel y se ordenó el cierre del diario, cuya circulación se había mantenido de forma continua por 38 años.
De esa época datan sus columnas en El Universal y El Nuevo Diario, este último dirigido entonces por Laureano Vallenilla Lanz. La editorial Atenea, de Caracas, publicó además, su novela “Tierra del sol amada”. También fue colaborador de El Heraldo de Cuba.
El exterior también fue su casa
Se mudó a Estados Unidos y una vez más, un texto lo llevó a cambiar de residencia, puesto que la delegación de Venezuela en ese país le creó problemas luego de un artículo publicado en el diario La reforma social. Se traslada entonces, en 1923, a Montreal para ocupar el cargo de director del departamento hispano de la Sun life Insurance and Co.
Posteriormente, dictó clases de español en la Universidad de Montreal y publicó los primeros capítulos de “Memorias de un venezolano de la decadencia”.
Retornó al país en 1939 y se incorporó al Congreso y ejerció varios cargos públicos, incluso después de la salida de Eleazar López Contreras de la presidencia.
Fue invitado a la celebración de los cuatrocientos años de su ciudad natal en 1955 para pronunciar un discurso. En sus palabras la polémica seguía viva, pues no duda en cuestionar el gobierno de Marcos Pérez Jiménez.
Durante algunos años se dedicó a realizar algunas traducciones y escribir poemas, algunos reveladores de su estado de ánimo como “Elegía de otoño”, texto que parecía reflejar cercanía con la idea de la muerte.

